miércoles, 20 de junio de 2012

VÍDEOS DE COLIBRÍS


Estos vídeos en los que se ven varias especies de colibrís alimentándose en un comedero, deberían haber cerrado la entrada del Parque Nacional Braulio Carrillo, donde se habla de ellos, pero en el momento de publicarla no teníamos suficiente potencia de conexión y no conseguimos colgarlos, así que ahí van. Esperamos que os gusten: 




sábado, 16 de junio de 2012


PARQUE NACIONAL MANUEL ANTONIO, TURISMO Y NATURALEZA



Vista de la playa, ya sin gente

Llegamos a Quepos el sábado ya cerca de la anochecida y nos alojamos en un hostal familiar donde pasaremos las próximas cuatro noches.

Un descanso
Decidimos no entrar al Parque el domingo, pues suponemos que estará lleno, así que madrugamos un poco menos que de costumbre y nos vamos a la playa al pueblo de Manuel Antonio, algo que Sahara ya estaba deseando desde hace unos días. La verdad es que disfrutó de lo lindo bañándose y jugando con el oleaje.
La mala noticia fue que el Parque Nacional cierra los lunes, así que debemos buscar un plan alternativo para ese día y posponer la entrada al Parque para el martes.



Es lunes, llueve un poco y se nos hace algo tarde porque Sahara no se quiere poner en serio con los deberes. Todo parece indicar que el día no será memorable…
Decidimos salir caminando por la carretera vieja que va a Manuel Antonio a pesar de que la mayoría de la gente nos lo desaconseja: “es mucho camino con un niño pequeño”, “a mi no me gusta ese camino”, “por ahí no hay nada que ver”…
Realmente son sólo un par de kilómetros de cuesta arriba que discurren entre bosque, casas y zonas de cultivo, pero que resultan muy productivos, pues vemos multitud de aves nuevas, ardillas y los primeros monos ardilla del viaje, un primate gravemente amenazado y difícil de ver en otras zonas del país.

Hembra de aullador con cría
Luego caminamos otro tramo de carretera que nos lleva a una pequeña playa paradisíaca escondida y casi desierta en la que pasamos a gusto el resto del día. Aquí localizamos dos familias de monos aulladores discutiendo entre ellas sobre nuestras cabezas a pocos metros de la arena. Una observación espectacular que se dilató hasta el momento de irnos, mientras nos turnábamos para bañarnos con Sahara. Casi irreal escuchar a los monos desde el agua templada en este entorno selvático… Además el enano se atrevió a meterse hasta la zona que no hacía pie y asistió a sus primeras clases de natación con sus papás.  


Salvaje

El martes estamos en la entrada del Parque Nacional Manuel Antonio a las 7:00, hora a la que se abren las puertas a los visitantes. En los primeros 15 minutos, uno de los empleados pasa 5 o 6 veces con el coche para arriba y para abajo por el camino, así que preguntamos si lo que vamos a ver es fauna o coches después de pagar 10 dólares de entrada por cabeza, lo cual provoca que se vaya dejando a Carmen con la palabra en la boca, cosa que a ella no le sienta nada bien. Al poco vuelve para disculparse, pero Carmen no le da ni la más mínima oportunidad, por lo que se va con el rabo entre las piernas.




Perezoso de tres dedos
Este parque es famoso por la cantidad de fauna que alberga, por la proximidad de las observaciones que se pueden realizar y por la tolerancia que los animales tienen hacia humanos. Precisamente esa fama es lo que lo vuelve bastante artificial. Hordas de turistas conducidos como manadas de ganado tras su guía recorren los senderos sin ningún tipo de respeto a los que observamos a la fauna en silencio y sin molestar. Por breves momentos invaden el tramo de camino desde el que se observa determinado mono o perezoso (o rana, saltamontes, gusano, termitero, o lo que el guía les diga que tienen que mirar) avisándose unos a otros mediante exclamaciones y aspavientos de todo tipo. Afortunadamente para nosotros, con unos segundos tienen bastante y siguen su camino en busca del próximo encuentro “salvaje” que narrar a amigos, hijos y nietos.


Siempre con amigos nuevos
La verdad es que animales hay, y que se ven a placer. Al final del día, habíamos visto perezosos de dos (Choloepus hoffmanni) y tres dedos (Bradypus variegatus), algo poco común en muchos otros lugares; monos aulladores (Alouatta palliata), carablanca (Cebus capucinus) y ardilla (Saimiri oerstedii); mapaches (Procyon lotor); agutís (Dasyprocta punctata); basiliscos (Basilliscus basilliscus) e iguanas (Ctenosaura similis); y como siempre, pájaros, entre otros aves marinas como pelícanos pardos (Pelecanus occidentalis), alcatraces pardos (Sula leucogaster) o rabihorcados magníficos (Fregata magnificens). Todo ello a corta distancia y casi sin límites de tiempo.

Paradisíaco
Otro de los atractivos de este sitio son los paisajes costeros. La densa selva llega hasta la propia arena de las playas, que forman recogidas bahías donde el agua está algo más tranquila. No en vano, estas playas sirvieron de escenario a varias películas, entre otras a la escena del arribo a tierra de Colón en “1492, La conquista del paraíso”. Esto nos hace pensar en como sería este lugar si no estuviera totalmente atestado de turistas tostándose al sol, y afortunadamente podemos ver una muestra al quedarnos solos al final del día.


Macho de perezoso de tres dedos
El parque cierra a las 16:00 y, como de costumbre, nos liamos hasta el último momento y somos los últimos en salir. El tipo de esta mañana hace la ronda para comprobar que no queda nadie y sacar a los rezagados, y nos encuentra casi a las 16:30 en medio del camino viendo un grupo mixto de monos aulladores y ardilla, sin ninguna prisa por irnos. Pregunta a Carmen si todavía está “brava” y nos dice que si le perdona, no le dirá a nadie que todavía estamos aquí y que salgamos con calma, a nuestra bola. Al final hasta hay algo de buen rollo. De salida vemos otro perezoso de tres dedos a placer y abandonamos el parque ya pasadas las 17:00. 



De aquí nos vamos a San José y allí decidiremos cual es nuestro próximo paso entre las opciones que tenemos, pues ya hemos cambiado de opinión varias veces y hay que ajustar la ruta a las mejores fechas para ver fauna en cada lugar (tortugas marinas, ballenas…) y para un par de voluntariados que nos interesaría hacer y que todavía estamos pendientes de que respondan a nuestras solicitudes.


¿Vamos o qué?

Los juguetes del bosque...


Colegas...

...y compañeros 
                                 
Baño a lo seguro...

Tucancillo (Pteroglossus frantzii)


Basilisco

Mono carablanca basurero y prostituido

                                 
Mapache carterista

Rana sin identificar

Tres buscando

                                           






martes, 12 de junio de 2012


JACÓ, UN LUGAR PARA OLVIDAR


Finalmente no hacemos la excursión a los manglares del Río Tárcoles. No es que sea excesivamente cara, pero por el precio que nos piden (que para nosotros es elevado), sopesamos que hemos visto muy buenas zonas de manglar en otros países, que tendremos más oportunidades en este, que las especies que podemos ver no son de las más difíciles y el espectáculo que hacen con los cocodrilos no nos parece digno para unos animales que se podrían comer al guía solo con proponérselo (a pesar de la cercanía con la que los observaríamos).
Además, Jacó es penoso. Caro, lugar de turismo de masas descerebradas, de desarrollo urbanístico especulativo y desmesurado, etc, etc, etc.
Supongo que os podéis hacer una idea; es lo contrario de lo que buscamos.
Nada más llegar, una guiri con hijos nos recomendó un apartahotel en el que se quedaba por 25 dólares la noche, muy barato para este pueblo. Me acerqué y confirmé el precio. Efectivamente, muy barato. Voy a por la familia y volvemos con todos los bártulos. Fantástico, tiene nivel, está completamente equipado, con piscina, una triunfada. Pues no, inexplicablemente, todo era un malentendido. No costaba 25 dólares, sino casi el doble; recogemos después de que Carmen y Sahara se den un buén chapuzón y la guiri nos sigue, indignada pues lleva ya cuatro noches allí a un precio que no se puede permitir…
Un peliculón…el dueño tuvo que flipar…
Y nosotros que solo queríamos descansar a placer después de los últimos maratones… Vuelta a caminar para buscar alojamiento, vuelta a recorrer calle tras calle preguntando precios. Y a cada vuelta, el sitio me gusta menos.
Pasamos una noche, no muy tranquila gracias a la música disco de un local cercano….y a la mañana siguiente escapamos como alma que lleva el diablo, no sin antes perder un par de autobuses (uno por minutos, el otro no paró y decidimos seguirlo en taxi rápidamente, sin éxito). Esto es patético. No nos lo podemos creer. Estoy que trino.
Me quedo comiendo en una soda y rumiando mi cabreo, mientras Carmen y Sahara, que ya habían comido, se dan una vuelta y ven unas ranas de flecha venenosas verdes y negras muy guapas (al fin algo bueno) antes de coger, esta vez sí, un bus en dirección a Quepos y al Parque Nacional Manuel Antonio.

Rana de flecha verde y negra

                                                         
Dendrobates auratus



lunes, 11 de junio de 2012



PARQUE NACIONAL CARARA, SELVA SECA DEL PACÍFICO


Una de las muchas iguanas que habitan en Carara

Hola a tod@s, aprovechando que tenemos conexión en donde estamos alojados, os vamos a contar más cosillas…
Nuestro siguiente destino ha sido el Parque Nacional Carara, muy cerca de la costa Pacífica. Como siempre, llegamos tras el típico periplo de transportes públicos, con varios transbordos a pesar de la corta distancia recorrida. Es lo que tiene el mochileo…
Paramos sobre el puente del Río Tárcoles, famoso por el tamaño de sus cocodrilos (Crocodylus acutus). A pesar de que llegamos con lluvia, también como de costumbre a partir de las tres o cuatro de la tarde, nos acercamos a comprobar si todo lo que habíamos oído de estos reptiles se aproximaba a la realidad, pues parece ser que hasta National Geographic, Animal Planet y otras productoras de documentales han venido hasta aquí para filmarlos.

Cocodrilos en cantidad...

...y de calidad
Pues sí, los bichos son muy grandes, algunos verdaderos "monstruos" que deben pasar ampliamente de los cuatro metros. Y además los hay en cantidad. En el par de días que pasamos en la zona, el puente se ha convertido en parada obligada, pues pasamos sobre él por la mañana y por la tarde, llegando a contar en alguna ocasión hasta 36 individuos. La verdad es que son una pasada, aunque al parecer, sobreviven de las limosnas de los turistas, ya que el río está bastante contaminado y ya no tiene mucho pescado, y son los tours y demás los que llegan con pollos y otras “delicias” que les garanticen el espectáculo. En fin, al menos siguen vivos y se han librado de convertirse en bolsos y cinturones como sus congéneres que habitaban en otras zonas de Costa Rica.


Juguetes improvisados
El Parque Nacional de Carara está compuesto de bosques primarios y secundarios, formando una diversa selva en la que viven tantas especies de aves como en toda Europa, pero para los visitantes realmente es poco más que un sendero de tres o cuatro kilómetros que parte de la carretera general de la costa y se adentra hasta una laguna formada por un antiguo meandro del río. A partir de aquí, el sendero sigue, pero se hace un poco más difícil de caminar (a nosotros nos convenció para dar vuelta un enjambre de abejas que ocupaban el tronco de un árbol de gran tamaño derribado en medio del camino) y consideramos que teníamos suficiente.

Aunque solo vimos una pequeña parte de los pájaros que viven aquí, el número de especies observadas y las posibilidades de aumentarlo con facilidad, nos animó a repetir un segundo día, y no nos arrepentimos, ya que las sensaciones de caminar por este parche de bosque nos recordaron en ocasiones a las vividas en las selvas amazónicas.
Guacamayos rojos

En Carara vimos los primeros grupos de monos carablanca (Cebus capucinus), varios agutís (Dasyprocta punctata); entre 40 y 50 especies nuevas de aves, como el guacamayo rojo (Ara macao), la garza picozapato (Cochlearius cochlearius) o los halcones murcielagueros (Falco rufigularis); iguanas, basiliscos y otras muchas especies de lagartos; algún cocodrilo; escuchamos monos aulladores (Alouata palliata) y hasta vimos un par de murciélagos blancos (Diclidurus albus), algo que ni sabíamos que existía.



Monos carablanca
Sahara disfrutó como un enano, saltando en los charcos con sus botas de agua nuevas, embarrándose hasta las orejas y haciendo navegar multitud de barcos improvisados con los pétalos de la flor del plátano. Se hizo amigo de las iguanas y discutió con los grupos de monos, siempre atento para avisarnos de cualquier pájaro que se cruzara en nuestro camino, a pesar del cansancio acumulado por la caminata y el bochornoso calor húmedo de las selvas bajas tropicales.

¿A donde miras?
El alojamiento que conseguimos al lado del puente es de lo más cutre, y la habitación da la impresión de no haber sido utilizada en mucho tiempo (de hecho, debemos ducharnos en la de al lado, que está en obras, pues nuestra ducha está atascada), pero es lo único que hay. Al menos es amplia y podemos montar la tienda de campaña dentro para que el pequeño duerma libre de mosquitos. Nosotros nos apañamos con la mosquitera.


Después de despedirnos de los famosos cocodrilos, otra vez esperamos un bus para irnos acercando al Parque Nacional de Manuel Antonio, previo paso por Jacó para intentar hacer una excursión a los manglares de la desembocadura del Río Tárcoles.    

Equilibrios en el camino

Al final, la iguana se hizo nuestra amiga

Parada para comer


Embarrándose

Identificando un pájaro

                                      
Felicidad

Cansancio, sudor y barro tras el duro día de campo


Picozapato

Halcón murcielaguero



Mono carablanca


Mono carablanca



Murciélagos blancos


Agutí



















domingo, 10 de junio de 2012

PATEADA EN EL PARQUE NACIONAL BRAULIO CARRILLO


Un momento de la caminata
Nuestro siguiente destino para ver fauna en Costa Rica es el sector del Volcán Barva, en el Parque Nacional Braulio Carrillo. Para llegar aquí y conocer los senderos de la zona, aparte de los autobuses correspondientes (tuvimos que coger tres, para más datos), nos hicimos un pateo de 25 kilómetros, repartidos en tres etapas de alrededor de 8 kms cada una, en el que salvamos unos 800 metros de desnivel al subir y otros tantos al bajar.

Tenemos que decir que Sahara, con sus cuatro añitos recién cumplidos, se comportó como un campeón, y aunque se cansó en varias ocasiones, completó la caminata casi sin protestar.
Este es el segundo Parque Nacional más grande del país y abarca desde casi la costa caribeña, con cotas de pocas decenas de metros, hasta los 2906 msnm de altitud máxima del sector en el que nos vamos a mover nosotros, con la riqueza en biodiversidad que eso conlleva.

En el bosque


El bosque de niebla en que nos encontramos es espectacular y el número de especies vegetales desbordante, con miles de plantas inventariadas. Aunque no tenemos capacidad para apreciar toda la diversidad florística que nos rodea, es impresionante la cantidad de epífitas, bromelias, líquenes y helechos que tapizan desde el suelo hasta la copa de los árboles, representando todos los matices y tonos imaginables del color verde. 


Instalamos nuestro campamento cerca de la caseta de los guardas del parque, bajo el techado de un cobertizo que era la antigua recepción de visitantes, donde nos cobijamos de las intensas lluvias que mantienen siempre verde la vegetación del lugar. A pesar de todo, la humedad ambiental es del 100%, algo que notamos en nuestra ropa y en el resto de cosas, que están húmedas todo el rato a pesar de que el agua no las toque.


Debido a esta alta humedad y a la gran cantidad de precipitaciones, el sotobosque es bastante espeso y dificulta el caminar por fuera de los senderos, cosa que a veces hacemos para seguir algún rastro (la mayoría de las veces de tapir) o el canto de los quetzales, una de las joyas ornitológicas de esta zona del Braulio Carrillo.


Recorremos todos los senderos visitables (que tampoco son muchos) y nos acercamos a las dos lagunas accesibles, donde se concentran los rastros de tapir (Tapirus bairdii), que parece bastante abundante a juzgar por el número de huellas que encontramos.

Rastro de tapir

Huella de tapir
En los dos días que pasamos aquí arriba, solo conseguimos ver alguna ardilla y pajarillos, aunque el sitio merece la pena por sí mismo y los paisajes boscosos que ofrece. 

De todas formas, el último día, cruza por delante de nuestra tienda una pareja de quetzal resplandeciente (Pharomachrus mocinno), y a pesar de la fugacidad de la observación, nos vamos satisfechos y contentos de poder haber visto al ave más sagrada en las culturas precolombinas centroaméricanas.



Al llegar al pueblecito donde cogeremos el autobús de vuelta al cuartel general en Alajuela, nos tomamos una merecida comida típica en un restaurante que tiene instalados un par de comederos para colibrís al lado de las ventanas, donde podemos disfrutar de un bonito espectáculo e identificar unas 10-12 especies de estos simpáticos pájaros. El broche perfecto para estos días de pateo en el Parque Nacional Braulio Carrillo.  



Algunas fotos más del bosque nuboso: