miércoles, 17 de julio de 2013

RAPACEO EN MOUNTAIN PINE RIDGE FOREST RESERVE



Vista panorámica desde uno de los puntos de observación durante la búsqueda de los gavilanes picogancho


Atardece en Mountain Pine Ridge Forest Reserve.
El día está oscuro, pues un cielo cubierto de nubes amenaza lluvia desde hace al menos un par de horas. De cuando en cuando se escucha a lo lejos el retumbar de los truenos.


Yo camino despacio por un estrecho sendero que atraviesa el bosque, atento a cualquier sonido, a cualquier movimiento. Bajo los árboles la cantidad de luz es todavía menor. Un grupo de dos o tres tinamús grandes (Tinamus major) se alejan corriendo por el sendero, internándose en la espesura del sotobosque unos metros más adelante.


De repente lo escucho, no muy lejos. Es la llamada de un jaguar. Me quedo petrificado por unos instantes, sin saber qué hacer, ¿me acerco?, ¿lo espero aquí?, ¿era o no era?... Uno a uno van pasando los segundos. Medio minuto, un minuto, minuto y medio, dos…, pero el sonido no vuelve a repetirse.


Decido subirme a la horquilla de un árbol, a poco más de metro y medio del suelo. Desde mi precaria atalaya, imito media docena de veces la llamada de celo de estos grandes gatos, con la esperanza de atraerlo hacia aquí. Pero no pasa nada. 

Un antiguo excremento a menos de cien metros de mi tienda de campaña confirma su presencia, y Roni me cuenta que todas las semanas la cámara trampa capta imágenes de puma y jaguar en este sendero.


A medida que pasa más tiempo me asaltan mayores dudas sobre si lo que escuché era o no un tigre (nombre usado en toda latinoamérica para el gran gato manchado), pero una vez descartados los monos aulladores (Alouatta pigra) y la garza tigre (Tigrisoma mexicanum), no quedan muchos candidatos que hayan podido hacer ese sonido. 


Una vez que llega la noche, me interno en el sendero armado con mi linterna, con la esperanza de que la alianza con las sombras me favorezca y pueda ver algo interesante, pero se ve que hoy no es el día y vuelvo a mi tienda de campaña sin ver nada.

Lugar desde el que observé mi primera águila blanquinegra

Al día siguiente, 12 de mayo, camino hasta un mirador natural desde el que hay bastantes posibilidades de avistar a la rara y esquiva águila blanquinegra (Spizaetus melanoleucos). 
Avanza el día, y al igual que en las dos jornadas anteriores, veo muchos milanos plomizos (Ictinia plumbea), elanios tijereta (Elanoides forficatus), algunos cóndores reales (Sarcoramphus papa) y tengo las mejores observaciones hasta la fecha de águila negra mayor (Buteogallus urubitinga). 
Cuando la mañana ya está bastante avanzada y empiezo a plantearme comenzar la bajada de vuelta hacia San Ignacio, aparece una rapaz cicleando a mi derecha. Está volando un poco por debajo de mi posición y coge altura sobre mi cabeza. ¡Es un adulto de águila blanquinegra!, y la veo perfectamente, tanto por arriba como por debajo antes de que se aleje. Un poco más tarde vuelve y puedo observarla durante un par de minutos más. 

Pollo de milano plomizo en su nido
Un gran final para los dos días y medio pasados en Mountain Pine Ridge, en los que obtuve también muy buenas observaciones de águilas tiranas (Spizaetus tirannus) con displays de celo y territoriales, de gavilanes cabecigrises (Leptodon cayanensis) y bidentados (Harpagus bidentatus) y de los más comunes gavilanes grises (Buteo plagyatus) y de cola corta (Buteo brachyurus), además del nido de una pareja de milanos plomizos con un pollo volandero.

Roni (sentado frente a mi con la camiseta blanca), los voluntarios del BRRI
y un guía local (en la hamaca)

El objetivo de esta visita era el de ayudar a Roni y a los tres voluntarios del Belize Raptor Research Institute (BRRI) a localizar un nido de gavilán picogancho (Chondrohierax uncinatus) en la zona en la que se reprodujo el año pasado. Desgraciadamente, ni siquiera logramos ver a ninguno de los dos adultos durante las dos mañanas que dedicamos a la búsqueda de esta discreta ave que se alimenta de ciertas especies de caracoles. 

Tángara cuellirroja (Ramphocelus sanguinolentus)

Aun así, y aparte de la gran cantidad de rapaces observadas, muchas de ellas escasas y esquivas y, por lo tanto, difíciles de ver, la visita también mereció la pena por los avistamientos de paseriformes, entre los que vi media docena de especies nuevas para mí.


Tucancillo collarejo (Pteroglossus torquatus)

Para llegar al mariposario de Green Hill, el lugar en el que quedé con Roni y los voluntarios el primer día, salí de casa a las cinco y media de la mañana hacia San Ignacio, donde agarré de milagro el autobús que transporta a los trabajadores de Blancaneux (exclusivo Lodge propiedad de Martin Scorsese en el que trabaja Roni como responsable de conservación), en el que no me querían dejar subir hasta que expliqué que le conocía.   

Mi campamento
Las dos noches que dormí en Mountain Pine Ridge, monté la tienda de campaña en el lateral de una pista forestal poco transitada, cerca de donde Roni tiene colocada una cámara trampa en la que pumas y jaguares son retratados cada semana y de donde escuché el interesante sonido con el que se abre esta entrada.

Mieleros patirrojos (Cyanerpes cyaneus) y eufonias oliváceas
(Euphonia gouldi) y gorjiamarillas (Euphonia hirundinacea)
Para bajar el último día, caminé con todas mis cosas los cuatro o cinco kilómetros que separaban mi campamento de la barrera de entrada a la reserva, donde conseguí un raid hasta la localidad de Cristo Rey y de allí otro hasta San Ignacio, para agarrar un taxi colectivo que me dejó en Bullet Tree a tiempo para comer en mi casa con la familia. 

Tucancillo collarejo

Observando

Milano plomizo adulto

Adulto y pollo de milano plomizo posados en el árbol nido

Cocina campestre



Algunos vídeos de mi estancia en Mountain Pine Ridge:

                                                                     Tucancillo collarejo:

Polluelo y adulto de milano plomizo en su nido:
                                              




En el sendero:


El bosque de noche:
                                     

Águila blanquinegra en vuelo:
                                     

lunes, 15 de julio de 2013

SAN IGNACIO Y BULLET TREE FALLS


Fachada de nuestra cabaña en Bullet Tree


San Ignacio, o el Cayo, como lo llaman sus pobladores, no es un lugar en el que haya mucho que hacer, sobre todo si no vives aquí. Es por eso que nos sentimos un poco desilusionados al haber abandonado la tranquila laguna de Crooked Tree y el Lodge del mismo nombre, para venir aquí a esperar noticias acerca de la posible entrada al Parque Nacional de Chiquibul con el personal del proyecto del guacamayo escarlata (Ara macao) y recibir las malas nuevas de que definitivamente no podemos acompañarles al monte porque el coche se estropeó y no hay un vehículo en el que llevarnos a todos.

Segundo alojamiento en que nos instalamos en San Ignacio


Deambulamos por el pueblo durante cuatro días, con los baños en el río Macal, que atraviesa esta población, como principal pasatiempo y método de lucha contra el asfixiante calor, esperando que cambie la situación y al menos podamos acompañar al equipo que realiza el seguimiento del águila solitaria (Buteogallus solitarius) en el Mountain Pine Ridge Forest Reserve. 


Río Mopán, en las cabañas
La pena no nos dura mucho, ya que al tercer día nos acercamos al pueblecito de Bullet Tree Falls, a un antiguo Lodge junto al río donde Pato, Rosaura y Camilo tienen su furgoneta y algunas cosas más, y a donde pensaban regresar estos días. Todavía no han llegado, pero el sitio está genial, pasamos buena parte de la tarde bañándonos en el río, y Mike, el dueño, nos ofrece una cabaña para alquilar por un precio mensual al que no nos podemos resistir.


Pasamos un día más en San Ignacio, tras el que decidimos mudarnos directamente a la bonita cabaña que nos ofrecen en Bullet Tree el 3 de mayo, mientras esperamos para participar en alguno de los proyectos de los que Roni es responsable.

Mercado del "Cayo"


Terracita
Disfrutamos un montón con nuestra nueva casa. A la comodidad de no tener que pensar qué hacemos con nuestras cosas si salimos a pasar unos días al monte, hay que añadir la inmensa tranquilidad del sitio, en el que disponemos de una cabaña de techo de palma con dos pisos, en la que nuestra habitación y el baño (equipados con todo lo necesario) ocupan la planta baja, mientras que arriba se encuentra la cama de Sahara y un espacio en el que jugar. En la parte trasera, una pequeña terraza con asientos y hamaca permite que disfrutemos de las veladas en el exterior sin salir del recinto de nuestro hogar.

Plataforma sobre el río
Fuera está la cocina comunitaria y un espacio mitad cubierto y mitad descubierto que hace las veces de comedor, desde el que vemos el río mientras desayunamos o comemos.
La plataforma sobre el río, a pocos metros de nuestra puerta, completa la imagen de la nueva residencia. En ella, hamacas y tumbonas invitan a relajarse después de un refrescante baño en las tranquilas aguas del río Mopán, donde jugamos, nadamos y nos tiramos desde una cuerda al agua varias veces cada día. Un par de plataformas más pequeñas sobre el cauce ofrecen diferentes lugares para disfrutar del baño para los distintos ocupantes de las cabañas.

Con Mike y Brenda en el comedor

Hay cuatro cabañas y una casa más grande, y al lado de la nuestra viven Mike y su pareja Brenda; en la más alejada, Mariano y Emilia, argentino y uruguaya amigos de Pato y Rosaura que comienzan su tercer mes de estancia en este sitio; la otra es la de nuestros amigos argentinos, que todavía no han llegado; y la casa grande está alquilada por Din, un estadounidense retirado una década mayor que nosotros.

Kinkajú
En nuestra segunda noche vemos a placer un kinkajú (Potos flavus), que duerme en una de las muchas palmeras cohune (Attalea cohune) o corozos que hay entre las cabañas y el río, pues nos dicen que se ve a menudo saliendo del interior de alguna de estas palmas. Este será unos de nuestros vecinos animales, que iremos viendo de vez en cuando, ya que un par de días más tarde vuelve a pasar a escasos metros de donde nos encontramos. Otros de estos vecinos peludos son los agutís (Dasyprocta punctata), que vemos a menudo desde nuestra terraza durante el día mientras escuchamos a los monos aulladores negros (Allouatta pigra) al otro lado del río; y los tlacuaches (Didelphis virginiana), que se dejan ver alguna que otra noche. Además nos comentan que en el río vive una familia de nutrias (Lontra longicaudis) que con un poco de suerte pueden observarse desde aquí.


Tlacuache


Búho moteado
Entre nuestros vecinos emplumados más destacados se encuentran los rascones cuelligrises (Aramides cajanea), los búhos moteados (Strix virgata), los trogones violáceos (Trogon violaceus), los loros frentiblancos (Amazona albifrons), los pericos aztecos (Aratinga nana), los tucanes pico iris (Ramphastos sulfuratus), los saltarines cabecirrojos (Pipra mentalis), cuatro especies de martines pescadores (Megaceryle torquita, Chloroceryle amazona, C. americana y C. aenea), el carpintero lineado (Dryocopus lineatus), la aguililla gris (Buteo plagyatus) o un gran bando de cormoranes neotropicales (Phalacrocorax brasilianus) que utilizan este tramo de río para pescar. 

Rascón cuelligrís

Además, una buena cantidad de basiliscos (Basiliscus vittatus) e iguanas verdes (Iguana iguana), de las que algunas son machos de gran tamaño, viven en los árboles de la orilla, ofreciéndonos buenos espectáculos mientras comemos en la plataforma descubierta del comedor.

Iguanas verdes

Es durante nuestros primeros días en la nueva residencia cuando Sahara empieza a bañarse en el río sin sus manguitos, y poco a poco dejará de usarlos para aprender a nadar sin ningún tipo de soporte. De hecho, gana confianza con cada minuto que pasa en el agua, circunstancia a la que ayuda bastante la existencia de la cuerda, desde la que le encanta lanzarse una y otra vez sin ningún miedo a la caída ni al posterior chapuzón, con el que desaparece completamente bajo la superficie del río para aparecer riéndose a los pocos segundos. 

Bajando el río montados en neumáticos

Otra de las diversiones acuáticas de que disponemos es la de descender un tramo del río montados en dos cámaras de neumático que hay en las instalaciones, y desde las que podemos de disfrutar de la visión de las orillas y de un baño un poco distinto.

Sahara amanece un día con unos pequeños granitos alrededor de la nariz, a los que no damos demasiada importancia aparte de la de aumentar la higiene del enano, lavándole con agua y jabón varias veces al día. A pesar de eso, no se van, sino que van creciendo cada vez más y convirtiendose en pequeñas llagas, que se le extienden a otras partes de la cara (aunque no era tan grave como suena). Dos o tres días más tarde, antes de acostarse a dormir y cuando ya pensábamos llevarlo al médico al día siguiente, se da un golpe y se hace una herida abierta en un dedo del pie que hace que se despierte de noche quejándose de dolor en la pierna. Por la mañana no puede apoyarla ni caminar, así que lo llevamos al hospital, y resulta que tiene una infección bacteriana. No es grave, pero debemos atacarla con antibióticos para que no se extienda más y deje de dolerle la pierna.

Sahara y Camilo jugando a pintarse con carbón

El día 6 llegan desde Caye Caulker nuestros amigos Pato, Rosaura y Camilo, así que Sahara podrá jugar con un amigo sin tener que salir de casa, algo que ya llevábamos tiempo deseando y les va a venir muy bien a los dos, aunque durante unos días no va a poder bañarse con él en el río debido a su infección. Para nosotros su llegada también supone una mejora, y compartimos veladas, vemos peliculas juntos y Carmen aprovecha para practicar yoga con Rosaura y aprender algún punto nuevo de macramé.

Rosaura y Carmen haciendo yoga en un entorno muy relajante


El día 10 me voy con Roni a Mountain Pine Ridge. La familia no puede acompañarme para que el pequeño se recupere del todo, así que se quedan en las cabañas disfrutando de la compañía de nuestros nuevos vecinos y de los baños en el río mientras yo disfruto unos días de algo de monte, que relataré en la próxima entrada.

Más fotos:
De San Ignacio:

Amanecer en la habitación de nuestro alojamiento 

Pobladores en el río Macal:



Bautismos

En la calle de nuestro alojamiento

Rasta

Black & white

En las cabañas y el río Mopán:

















Sahara tocando con Mike:


Alex (hermano de Mike) y un colega arreglando un djembé:



Haciendo yoga:




Camilo y Sahara disfrutando juntos de las cabañas y los ríos Mopán y Macal:





Algunos fotos de la fauna que rodea nuestra nueva casa:
Kinkajú:


Agutí:



Rhynchonycteris naso, habitantes de la plataforma:






Carpintero lineado:


Rascón cuelligrís:

Trogón de collar:


Iguanas verdes:





Basiliscus vittatus:




Algunos vídeos:
Jugando en el río Macal:


Saltarín cabecirrojo (Pipra mentalis) que nos vino a saludar a nuestra llegada (la verdad es que no lo volvimos a ver nunca más):
                                     


                         Este es el lugar en el que tenemos nuestra cabaña en Bullet Tree Falls:

Y la cabaña:

Sahara y Carmen saltando al río desde la cuerda:







Sahara y Mike tocando juntos: