jueves, 11 de octubre de 2012


GRANADA Y EL CAÑON DE SOMOTO, UNA AVENTURA FLUVIAL


Vista del Cañón de Somoto desde nuestro campamento en la parte alta


Iglesia de Guadalupe

Tras el espectáculo de las tortugas, nos dirigimos (cómo no, en un bus que sale de aquí a horas intempestivas, casi antes de la amanecida) a la ciudad de Granada, la primera fundada como tal en el continente americano, a orillas del Lago Nicaragua.




Convento de San Francisco

Aunque nos quedamos en la ciudad un par de noches, solo damos unos paseos cortos, aunque suficientes para ver gran parte de los edificios históricos que alberga.
Por ejemplo, la iglesia de Guadalupe, último bastión de resistencia del pirata William Walker; o la iglesia y convento de San francisco, que inició su historia como convento, luego fue ocupada por la orden franciscana y quemada por piratas antes de cobijarlos en su interior como cuartel general. 



Cúpulas de la Catedral con el volcán Mombacho al fondo


Agarramos más buses para llegar a Somoto, no sin dificultades. Resulta que el autobús que pudimos alcanzar a coger en Managua, no llega hasta el pueblo, sino que se queda en un cruce a unos diez kilómetros, ya que se desvía hacia Ozogoche, cerca de una de las fronteras con Honduras. No hay problema, ya que al vendernos el billete nos aseguran que hay otro autobús, haremos un transbordo y llegaremos al pueblo de Somoto en unas tres horas desde aquí. Ya en nuestros asientos, nos aclaran que no hay bus, pero que siempre hay taxis esperando para recoger a la gente que llega en este transporte (sobre las ocho de la noche) y llevarlos al centro urbano. Esta historia nos suena conocida, y no siempre acaba bien…

Interior del cañón
Cuando llegamos al citado cruce, es noche cerrada, no hay taxis ni nada que se la parezca (de hecho no se ve un alma) y el cruce está en medio de la nada, a orillas de la carretera Panamericana. Nos “arrojan” al arcén con el tranquilizador consejo de que hagamos raid (que es como se llama aquí a hacer dedo) y no tendremos problemas para que nos lleven, ya que este puede ser un lugar algo peligroso. Un plan estupendo.
Instalados a orillas del asfalto con todos nuestros bártulos, contemplamos durante unos minutos como no pasa casi nadie por este lugar, y los que pasan lo hacen en dirección contraria a la que nosotros llevamos. Además Sahara, que venía durmiendo en el autobús, dice que no puede más y que se quiere acostar donde sea, así que empezamos a plantearnos el montar la tienda en una marquesina a pié de carretera donde estaremos algo más protegidos hasta mañana. Cuando estamos a punto de empezar a instalar el campamento, aparece una camioneta de obras que va en nuestra misma dirección, abordamos a sus ocupantes y conseguimos que nos lleven hasta la civilización. Por cierto, nos comentan que este lugar es muy peligroso y que no era muy buena idea quedarnos a pasar la noche, aunque nosotros creemos que aquí difícilmente podría pasar algo, tanto bueno como malo, pues está más que muerto. Quién sabe…

Caminando por el cañón

Esto no se acaba tan fácilmente, y por la mañana, antes de poder dirigirnos hacia el cañón, tenemos que cambiarnos de alojamiento y negociar hasta conseguir una rebaja de más del 50% en otro hotel (algo que, la verdad, no costó demasiado). Esto es debido a que en el que hemos pernoctado no cuidan de nuestras mochilas mientras nos quedamos en el cañón que venimos a conocer, pues como de costumbre, no necesitamos llevar todas nuestras cosas al campo. La verdad es que tenemos que reconocer que el cambio ha sido para mejor…

Por fin llegamos al Cañón de Somoto, también conocido por los lugareños como "La Estrechura" o "Namancabre", un lugar que nos recomendó Nony, el israelita que conocimos en Corcovado y que vive cerca de aquí, en Estelí. Este cañón, con fama de espectacular, fue “descubierto” para el gran público hace tan solo siete u ocho años, por una partida de investigadores que buscaban el nacimiento del río Coco y que se encontraron con este inesperado tramo de paredones verticales de una gran presencia escénica.

Ya mientras esperábamos en la parada de buses de Somoto para ir a la aldea del Valle de Sonís, donde se encuentra la entrada del cañón, nos aborda un guía ofreciendo sus servicios para bajar por el cauce, única manera de conocerlo según él. Declinamos su oferta pero nos quedamos con su nombre y su teléfono por si cambiamos de opinión en los próximos días.
Montando el campamento
Más guías nos ofrecen el tour en el autobús, en la parada en la que nos bajamos y, por supuesto, en la caseta de información donde abonamos nuestra simbólica cuota de ingreso. Decimos que no a todos, pero sacamos alguna información acerca de la Reserva Natural Tepesomoto-Pataste en la que estamos, sus alrededores, la fauna que alberga y los posibles lugares para acampar. También vemos un par de mapas y comprobamos que realmente es mejor hacerse acompañar por alguien de la zona para conocer el cañón desde dentro de forma segura.


Este primer día cruzamos el río y nos vamos a la parte alta del cañón, donde hay varios miradores acondicionados para disfrutar las vistas desde arriba. Todos tienen techo y suelo de tablas, y nos instalamos para pasar la noche en el segundo de ellos, más amplio y refugiado en caso de lluvia.

Cocina campestre

Hacemos una buena fogata en la que cocinamos nuestra cena y, aprovechando que en esta zona hay presencia de coyotes (Canis latrans), me hago un par de sesiones de aullidos simulados, técnica que nos ha funcionado en gran número de ocasiones con lobos (C. lupus) y chacales (C. aureus). Esta vez no hay suerte, pero ya sentimos algo de satisfacción solo con el hecho de poder aullar, de que los cánidos están por aquí y de que podemos intentar verlos.

También hacemos una espera corta antes de que anochezca, pero con idénticos resultados que los aullidos.


Listos para empezar
A la mañana siguiente, nos dirigimos a la casa de Bayardo, el primer guía que nos entró ayer y que nos hacía un buen precio por bajar el cañón con él. No está. Lógicamente no se creyó del todo la historia de que le llamaríamos y se ha ido a buscar turistas al pueblo de Somoto. Le llaman y enseguida está listo para acompañarnos, así que cogemos los bañadores, unos chalecos salvavidas y unos zapatos viejos y nos ponemos en marcha.

Desmodus rotundus

De camino, Bayardo nos comenta acerca de una cueva en la que se refugian bastantes murciélagos, e incluso que la última vez que la visitó, hace ya algún tiempo, vio una boa acechándolos. Instantáneamente decidimos que hay que verla, así que cortamos monte a través directamente hacia el cauce y luego escalamos un pequeño tramo de roca para llegar hasta ella.




Pteronotus ¿parellii?

Esta vez no hay boas, pero una gran cantidad de murciélagos (identificamos los hematófagos Desmodus rotundus, que se alimenta de la sangre del ganado, y unos insectívoros del género Pteronotus, probablemente P. parnellii) cubren los techos de la cueva y el espectáculo merece la pena.





Seguimos río abajo para encontrarnos con el cuñado de nuestro guía, que nos espera con una balsa inflable en la que llevaremos a Sahara y las cosas que no se pueden mojar, como cámaras y prismáticos. Desde este punto comenzamos el descenso que, aunque para muy principiantes, nos hace pasárnoslo muy bien. Como dijo Sahara en su momento, se lo pasó de miedo, tanto en la balsa inflable, con la que bajaba los rápidos sin ayuda, como dejándose llevar por la corriente con la ayuda del chaleco salvavidas. Según sus propias palabras, lo repetiría todos los días sin cansarse nunca.


Por nuestra parte, también disfrutamos un montón, caminando, nadando y dejándonos arrastrar por la corriente, además de flipar bastante con el sinuoso paisaje fluvial que vamos descubriendo, pues las paredes de hasta 150 metros de altura en algunos puntos se acercan en ocasiones hasta casi tocarse, cerrando totalmente la visión del cielo y evitando que la luz del sol llegue hasta el agua.




 Durante el recorrido encontramos una pequeña serpiente inofensiva (Senticolis triaspis) con la que disfrutamos un rato (además de salvarle la vida, ya que los guías se armaron rápidamente de piedras con las que aplastarle la cabeza. Afortunadamente, el cliente es el que manda y si nosotros decimos que no se mata, no se mata).




Al final pasó lo que tenía que pasar y salimos del río ya casi de noche, con lo que perdimos hace rato el último bus que podía llevarnos de vuelta al pueblo de Somoto. Intentamos agarrar un taxi o hacer dedo en la carretera, pues hemos dejado reservada una habitación en el hotel que nos hizo el favor de guardarnos las mochilas y hacernos un precio especial. Pero por esta carretera tampoco pasa nadie y, tras un buen rato de espera y un par de coches que nos ignoran, conseguimos llamar al hotel (no fue fácil conseguir el número, un teléfono, etc) y cambiar nuestra reserva para mañana. Esta noche dormiremos en la cabaña de huéspedes de nuestro guía.



Otro día en el cañón, y decidimos ocuparlo en explorar el último trozo que nos queda, en la parte situada hacia arriba de la cueva de ayer. Esta vez vamos solos, Bayardo nos presta un par de chalecos y Sahara se queda en su casa jugando con su nieta Daviana, pues se han hecho buenos amigos.



Vemos algunos pájaros, una iguana nueva (Ctenosaura quinquecarinata) y, como ayer, bastantes rastros de nutria, y pasamos buenos ratos intentando (y consiguiendo) que no se nos mojen las cosas en las pozas en las que hay que nadar. Para ello, primero recogemos una cámara de rueda hinchada en la que Carmen se subió con la mochila encima y luego –ya que la rueda tenía dueño- hacemos una balsa con su propio cuerpo y los dos chalecos, en ambos casos remolcándola a nado yo mismo.


Observamos más murciélagos, esta vez de la especie Rhinchonycteris naso, que descansan colgados en las paredes de piedra a poca distancia del agua.


Después de estos interesantes (y entretenidos) días en el Cañón de Somoto, seguimos nuestro viaje en busca de la migración de rapaces mexicana, a donde cada vez nos acercamos un poquito más, aunque pensamos hacer un par de paradas en El Salvador, único país que probablemente no volvamos a pisar durante el viaje de vuelta hacia el sur.  




                               
Catedral de Granada


                                 Extraño fenómeno lumínico que vemos desde el autobús en Managua:




En el cañón de Somoto: 












Araña acuática
                                          La familia de Bayardo:





                                                   Y algunos vídeos:

                                          


                                          






martes, 2 de octubre de 2012


RESERVA DE RÍO ESCALANTE Y CHACOCENTE. UN ESPECTÁCULO HECHO DE TORTUGAS MARINAS.

 
De arriba abajo y de izquierda a derecha: rastro de tortuga olivácea, individuo poniendo, neonatos saliendo del nido, esfuerzo de madre, pequeña camino del mar, playa cubierta de rastros y Sahara con tortuguitas en espera de ser liberadas.  

La tortuga olivácea, golfina o lora paslama (Lepidochelys olivacea) es uno de los quelonios marinos de menor tamaño, con un peso de unos 50 kilogramos y una longitud de 70 centímetros aproximadamente. Habita las aguas de los Océanos Pacífico, Atlántico e Índico en su parte más cercana al ecuador; donde se alimenta de crustáceos, moluscos y peces, aunque también consume algas, caracoles y pequeños invertebrados; y realiza migraciones de gran envergadura entre las áreas de puesta y los lugares de alimentación, situados en aguas pelágicas de hasta 3.000 metros de profundidad.

Excavando el agujero de puesta
La olivácea está considerada como la tortuga marina más abundante del mundo, estimándose una población de unas 800.000 hembras reproductoras en su rango de distribución, aunque se cree que también es la más explotada, y sus poblaciones se han reducido a la mitad desde la década de 1960, habiendo sido estimados unos 10 millones de individuos reproduciéndose en las playas del pacífico mexicano antes de los 50. La principal causa de esta alarmante disminución de sus efectivos se debe, principalmente, a la recolecta de huevos y la matanza de adultos para consumo humano en las playas de puesta, aunque también es importante la captura accidental en artes de pesca.

Esta tortuga efectúa la puesta de sus huevos en algunas playas centroaméricanas del pacífico, dando lugar a uno de los espectáculos naturales más impresionantes de esta región y a uno de los comportamientos de anidación más llamativos que existen, no conocidos en otros géneros de tortugas, ya sean marinas, dulceacuícolas o terrestres.
Dando sus primeros pasos
Entre los meses de julio y diciembre –aunque mayormente en septiembre y octubre- se producen las denominadas arribadas, en las que miles de individuos de esta especie se dan cita en determinadas playas de puesta, donde pueden emerger hasta 50.000 tortugas en una sola noche. Durante estas arribadas las tortugas se empujan, suben unas por encima de otras y cubren cada centímetro disponible de arena. Los huevos depositados por algunas de las primeras que llegan son desenterrados por las siguientes, y todo ello es observado por los depredadores oportunistas, que esperan su turno para hacerse con los huevos o, cuando la temporada está más avanzada, con las pequeñas tortuguitas que salen de la arena. Sencillamente increíble.
Con el objetivo de intentar coincidir con una de estas arribadas o, al menos, de ver alguna tortuga poniendo sus huevos, nos dirigimos a la Reserva Natural de Río Escalante y Chacocente, donde existe una playa de puesta de esta especie (playa de Chacocente), que junto con las de La Flor también en Nicaragua, Nancite en Costa Rica y La Escobilla en México, es una de las mejores para observar las arribadas en todo el continente americano.

Impresionante camino hacia la Reserva de Río Escalante y Chacocente, desde el pueblo de Astillero

Llegamos al pueblo de El Astillero el miércoles 11 de septiembre por la noche, conseguimos un alojamiento y a duras penas nos resistimos a patrullar la playa en busca de tortugas, pero estamos muy cansados, Chacocente está a unos cinco kilómetros y en el tramo de playa que va desde el pueblo hasta allí salen muy pocos individuos a desovar y no hay muchas probabilidades de encontrar alguna de las hembras fuera del agua.
El día siguiente madrugamos y caminamos los seis kilómetros de distancia hasta las oficinas de administración de la reserva. Allí nos informan de que llegamos unos quince minutos más tarde que la última tortuga de las 241 que se contabilizaron esta noche regresara al agua. También de que llegamos con unos días de retraso para ver la arribada, que tuvo lugar durante el fin de semana, con máximos contabilizados de más de 7.300 ejemplares el sábado, más de 8.500 el domingo (llegando a salir durante las horas diurnas a plena luz) y más de 2.000 el lunes.

Playa cubierta de rastros de la noche anterior
Solamente unos días antes del sábado, no entraban a desovar más de una o dos docenas de tortugas, creciendo en número de forma explosiva de repente y volviendo a reducirse después otra vez...

A pesar de no llegar a tiempo, vemos la playa repleta de los rastros que dejaron las hembras que desovaron durante la noche, y nos quedamos con la buena impresión de que seguramente nos sonría la suerte.


Otra vista del camino que recorrimos en cuatro ocasiones entre la reserva y el pueblo 

Además nos comentan que nos podemos quedar en una cabaña que tienen habilitada por muy poco dinero, así que decidimos pasar en la reserva un par de noches y volvemos al pueblo a por víveres para esos dos días y a informar en nuestro alojamiento de que volveremos a por nuestras mochilas cuando salgamos.
Caminamos por tercera vez los seis kilómetros que separan el pueblo de nuestra cabaña y descansamos unas horas antes de dirigirnos a la playa a patrullar en busca de tortugas oliváceas desovando.

Recién nacida llegando al mar
En esta reserva se realiza una intensa vigilancia durante la temporada de puesta de las tortugas, llevada a cabo durante 24 horas al día por la guardería de la reserva, por vigilantes contratados en el pueblo cercano y por patrullas del ejército destinadas a este menester. Con esta vigilancia se pretende reducir y controlar la recolección de huevos y la captura de adultos por parte de la población humana de la zona, pero también la predación producida por perros, zopilotes u otros animales y, en definitiva, aumentar la supervivencia de huevos y crías durante los primeros estadíos de sus vidas.

Hembra adulta excavando su nido

Durante la primera noche caminamos y buscamos por la playa hasta la medianoche aproximadamente, y vemos ocho o diez de estas tortugas desovando, pudiendo contemplar en varios casos el proceso completo desde que la tortuga sale del agua hasta que vuelve a perderse entre las olas del mar.



Cada tortuga tarda alrededor de 45 minutos en completar este proceso, excavando con sus patas traseras un agujero perfectamente circular de unos 40 o 50 centímetros de profundidad y 15 a 20 cms de diámetro. En ese agujero deposita cerca de 100 huevos de los que eclosionarán las pequeñas tortuguitas en unos 45 días más o menos. Después de tapar este hueco presionando y compactando la arena del nido, gira varias veces sobre sí misma y da unas cuantas vueltas por los alrededores para que el rastro no sea tan evidente para los predadores, tras lo cual regresa de nuevo al océano.

Pequeñas recién nacidas comenzando su andadura 
Durante estos días se están produciendo los nacimientos de las crías que salen de los huevos depositados por las primeras tortugas a mediados y finales de julio, y las pequeñas inundan ciertos tramos de playa, teniendo que tener mucho cuidado de no pisarlas al movernos por la arena. En algunos casos ayudamos a los pequeños neonatos a alcanzar la orilla, acercándolos unas decenas de metros a su destino final, evitando así parte de la predación producida por los cangrejos sobre las recién nacidas tortuguitas.

Naciendo a plena luz del día

A veces se producen algunos nacimientos durante el día, y en esos casos las pequeñas son recogidas y trasladadas a las oficinas de la reserva para soltarlas al caer la noche, reduciendo algo la predación sufrida en las horas de luz por parte de zopilotes (que literalmente invaden la playa, llegando a excavar con el pico para sacar alguna de las tortugas emergentes) y otros animales.


La segunda noche vemos solamente una tortuga desovando y varios cientos de pequeños naciendo de la arena durante el par de horas que nos quedamos en la playa, pero la arribada ya ha pasado, ayer solo se contabilizaron 33 adultas y hoy serán solamente 11, y nosotros estamos bastante cansados después del madrugón de la mañana para intentar ver alguna tortuga poniendo a la luz del sol, cosa que no sucedió.

Guardián vigilando que todo se desarrolle de la mejor manera 
Sahara vuelve a autoproclamarse guardián de las tortugas y disfruta muchísimo liberando a las pequeñas cerca de la orilla del mar y cuidándolas mientras están esperando el momento de la suelta en la oficina de la reserva, orgulloso de colaborar un poco en su conservación y de ayudarlas a hacerse mayores. Aunque las patrullas nocturnas no le gustan tanto, pues se cansa mucho, las soporta porque sabe que gracias a ellas está en contacto con sus amigas las tortugas marinas.  

Además de este espectáculo natural, la Reserva Natural de Río Escalante y Chacocente conserva una buena representación de selva tropical seca y bosque de galería en buen estado, en la que destacan por su abundancia las acacias (Acacia collinsii), que nos demuestran la eficacia de sus métodos de defensa, tanto en forma de espinas como de las pequeñas hormigas de fuego del género Atta que las defienden, picando con saña a cualquiera que se atreva a acercarse a los árboles que las hospedan.
Bromelias cubriendo el suelo. Al fondo
se ve un cactus entre árboles frondosos.

Además nos sorprende la cantidad de cactáceas y el denso tapiz de bromelias (Bromelia pinguin) que pueblan este bosque dando refugio a gran cantidad de animales, desde cangrejos hasta serpientes, ranas, aves o zarigüeyas. Pateamos un poco por esta selva seca tan peculiar y observamos alrededor de una docena de aves que no habíamos visto antes, entre ellas un autillo (Otus cooperi), un ratonero (Buteo brachyurus), una cigüeña (Mycteria americana), una oropéndola (Icterus gularis) o un zorzal (Seirus noveboracensis), además de varias limícolas nuevas en la playa (donde hay más de una docena de especies diferentes). También pudimos observar miles de golondrinas y de libélulas en paso migratorio hacia el sur y alguna águila pescadora (Pandion haliaetus), no sabemos si residente o migratoria.


Precisamente, después de estos días en la costa disfrutando del espectáculo que se representa aquí, volvemos a dirigir nuestros pasos hacia el norte, buscando acercarnos a otra función no menos abrumadora, la de la migración de millones de aves rapaces que pasan por el estado de Veracruz en México durante sus migraciones anuales entre el norte y el sur del continente americano, y donde pensamos llegar para disfrutarla durante los primeros días de octubre.

                                          
Otra adulta durante el proceso de puesta

                                                        Unas fotos del "guardian":



Pequeña recién nacida

Nacimientos diurnos:




Camino del mar:


Acompañamos alguna pequeña tortuga hasta el mar y documentamos su viaje:


Caminando entre la playa de Chacocente y el pueblo de Astillero:




                                          Y en el bosque de la reserva:


Escorpión

Araña

¡Buena suerte!

¡Y hasta la próxima!

Algunos vídeos del proceso de puesta:
Excavando el agujero del nido:
                                                 



                                                                Poniendo los huevos:

Tapando el hueco:
                                             

Una tortuga tapando el hueco y pequeñas naciendo:

                                          

                                                               Poniendo y naciendo:


                                                                   Regresando al mar:

Nacimientos:

                                          

Tortuguitas dirigiéndose al mar:
                                           






Vídeos de los zopilotes excavando en busca de tortugas recién nacidas y predando sobre ellas: