viernes, 2 de noviembre de 2012


VERACRUZ, RÍO DE RAPACES I. LLEGAMOS A NUESTRO DESTINO Y COMENZAMOS A VER MIGRACIÓN


Cicleo o vortex de Cathartes aura, Buteo platypterus y Buteo swainsoni

Llegamos a Veracruz el día 06 de octubre por la mañana, y cogemos un último bus hasta Ciudad Cardel, uno de los puntos desde los que el personal de la asociación Pronatura Veracruz realiza los conteos de aves migratorias. Nos dirigimos directamente a la terraza del Hotel Bienvenido, el punto más alto de la ciudad y puesto de observación desde el que dicha asociación monitorea el paso de rapaces y otras aves.

Otro vortex de rapaces
La llanura costera del estado de Veracruz, en la costa atlántica del centro de México, reúne durante los meses de agosto a noviembre la mayor concentración de aves de presa a nivel mundial, con registros de más de 5 millones de individuos por temporada durante el paso postnupcial. Para hacerse una idea de lo que esto supone, sólo decir que el segundo punto de importancia en el mundo es el de Eilat, en Israel, con unas  1.800.000 aves al año y que en el Estrecho de Gibraltar, donde los que hayáis estado sabéis lo impresionante que resulta, “solamente” pasan unas 850.000, registro que ha sido superado en un solo día de conteo en Veracruz. Esto significa que teníamos que venir, y justifica por sí solo el acelerón impuesto a nuestro viaje durante el último mes.

Pasamos nuestro primer día contando pájaros y aprendiendo a identificar las especies que veremos durante nuestra estancia, algo que también haremos el segundo y tercer día, y esperamos que unos cuantos más.

La suerte quiso que en estas primeas jornadas el tiempo no acompañe demasiado, y aunque no llueve ni hace frío, hacia el norte hay una acumulación de nubes acompañadas de viento que no ayudan mucho a que la migración presente su mejor cara, y la gente local (o sea, los contadores de rapaces) nos dice que en pocos días cambiará y tendremos unos días de vuelos espectaculares. Esperaremos.

Bando de la cigüeña americana Mycteria americana
A pesar de todo vemos mucha migración, con muy buenos números, tanto de especies (en tres días hemos visto 25 especies de rapaces entre migrantes y residentes: Coragyps atratus, Cathartes aura, Pandion haliaetus, Chondrohierax uncinatus, Accipiter striatus, A. cooperii, Ictinia mississippiensis, Rostrhamus sociabilis, Circus cyaneus, Buteogallus anthracinus, B. urubitinga, Buteo albonotatus, B.brachyurus, B. magnirostris, B. platypterus, B. swainsoni, B. jamaicensis, B. regalis, Asturina nitida (que ahora se llama Buteo plagyatus), Polyborus plancus (ahora Caracara cheriwey), Falco sparverius, F. femoralis, F. rufigularis, F. columbarius, F. peregrinus, además de migración de cigüeñas americanas Mycteria americana, pelicanos  Pelecanus erythrorhynchos, anhingas Anhinga anhinga, ibis Eudocimus albus y Plegadis chihi y distintas especies de garzas y paseriformes) como de individuos (se han contado unas 400.000 aves solo en estos tres primeros días, aunque nosotros solo hemos visto una parte), y tras esta primera toma de contacto, empezamos a familiarizarnos con las principales especies y a identificarlas con éxito.

Halcón aplomado joven (Falco femoralis)


Dayán sacando un aguilucho (Circus cyaneus) de una red de
niebla. Al fondo se ve el comienzo de la Sierra Madre Oriental
y, detrás de él, el bosque de mangle.
El proyecto también cuenta con una estación de trampeo y anillado de rapaces, al que hago una primera visita con Dayán, uno de los encargados del trampeo. El lugar donde está colocada la estación es espectacular, con el escondite y las trampas situados sobre una zona de dunas que continúa hasta el Océano Atlántico. Al otro lado, en la llanura inundada entre las dunas y el comienzo de la Sierra Madre Oriental hay una buena extensión de manglar y algunos potreros, con lo que el mosaico resultante ofrece una gran variedad de hábitats para observar aves.


Ctenosaura acantura

Además de todo esto, también vemos nuevas especies entre las aves residentes y entre los mamíferos (el conejo Sylvilagus floridanus) y los reptiles (la iguana Ctenosaura acantura), es decir, todo un espectáculo que estamos disfrutando al máximo, y ante el cual decidimos quedarnos por aquí una temporada más larga.



En cuanto al alojamiento, al ser una especie de voluntarios asistentes, nos hemos instalado en una de las casas en las que residen los trabajadores del proyecto, con lo que además de estar en nuestra salsa, no tenemos que desembolsar una gran cantidad de dinero mientras estemos aquí colaborando, todo un lujo que intentaremos aprovechar en lo posible. Además, parece que haremos buenas migas con la gente que trabaja con la migración, algo que ya nos apetecía después de todos estos meses sin contar con la compañía de otros bicheros de nuestro estilo. 

Perla impartiendo el taller de los martes y jueves

También Sahara está contento, pues puede tener una temporada de estabilidad entre gente que le ha gustado desde el primer momento, e incluso puede asistir al taller sobre aves que un par de veces por semana se imparte a los niños en el observatorio de Chichicastle. Una buena oportunidad para que se relacione con otros pequeños.




El caso es que estamos muy contentos de haber llegado aquí y pensamos que vamos a disfrutar de lo lindo.

En las próximas entradas explicaremos más en profundidad el porqué se concentra en este lugar todo el flujo migratorio y cómo funciona la migración y la estación de trampeo aquí en Veracruz . 


Con un gavilán de Cooper (Accipiter cooperi)

Merlin o esmerejón (Falco columbarius)
atrapado durante los trampeos

Sahara en uno de los puestos de observación
con un insecto que encontró

Vídeos de migración:
Vortex con predominancia de Aguililla de ala ancha (Buteo platypterus)

Uno de anhingas (Anhinga anhinga)

                                             
En primer término zopilotes de cabeza roja (Cathartes aura), mezclados con aguilillas de ala ancha y de Swainson (Buteo swainsoni)

                                                               

Cigüeñas

Migración pasando sobre el taller de los niños

lunes, 29 de octubre de 2012


CAMINO DE VERACRUZ. PEQUEÑOS DESCANSOS EN GUATEMALA Y CHIAPAS (MÉXICO)


Mujeres Mam (y una infiltrada)


En el triciclo fronterizo (y también cogió Carmen)
Cruzamos la frontera salvadoreño-guatemalteca sin mayores contratiempos, cambiamos dinero e intentamos coger un colectivo hacia Escuintla. Y digo intentamos porque lo vimos de lejos e incluso lo perseguimos con el triciclo que nos trasladó en el par de kilómetros que separan ambas fronteras, pero se nos escapó; así que una vez más estamos en un arcén con todas nuestras cosas a nuestro alrededor y sin saber muy bien cuál es el siguiente paso que debemos dar.
Decidimos seguir nuestro camino hacia el norte y para ello agarramos el único transporte colectivo que queda por salir hoy, y que nos llevará a Chiquimulilla, a medio camino de donde pensábamos llegar. Para movernos, debemos olvidar una de nuestras reglas no habladas de viaje, que es la de no viajar en autobuses de noche en un país en el que acabamos de entrar y todavía no conocemos, y menos cuando las referencias que tenemos lo desaconsejan.

Esta vez mereció la pena, pues durante gran parte del trayecto pudimos disfrutar del espectáculo de luces que miles (seguramente cientos de miles) de luciérnagas nos ofrecen desde los campos de cultivo que bordean la carretera por ambos lados. Nunca antes habíamos visto nada parecido. A lo largo de decenas de kilómetros estas luces se encendían y apagaban formando pequeñas constelaciones terrestres que, en ocasiones, estaban compuestas simultáneamente por cientos de puntos de luz.

Autobuses en la terminal de Quetzaltenango
Llegamos a Chiquimulilla y buscamos alojamiento entre las pensiones baratas que nos recomiendan donde nos deja el bus. Es sábado y es tarde, pero nos sorprende que en las tres que preguntamos nos digan que están completas. Sospechamos que nos boicotean y Carmen decide volver a la pensión Galicia, la primera en la que preguntamos y donde vimos multitud de habitaciones abiertas (y seguramente vacías), y presionar un poco a ver si nos alquilan algo.
La experiencia es un grado, y en esto de la presión Carmen ya tiene un máster, así que en pocos minutos estamos instalados en una habitación, la más cutre en la que hemos estado en todo el viaje -somieres reventados y parcheados con cartón, colchones rompeespaldas, obsolescencia endémica (no quiero ni pensar lo que habrán visto estas paredes) y pulgas o chinches-, aunque al menos no nos estafan y también es la más barata. Es lo que tiene no poder elegir…

Tras la negociación salimos a cenar y nos paramos en un puesto de carnitas a la brasa a una decenas de metros de la puerta de nuestro “hotel”. Pedimos, nos sentamos y, al momento, escuchamos un tiro a poca distancia en la dirección en la que íbamos antes de pararnos. Estampida general y la gente de la calle se mete en el local, aunque pronto regresa la normalidad. Estamos avisados acerca de esto. Al parecer, tanto en Guatemala como en Honduras los tiros son habituales y el personal camina con un arma al cinto como si tal cosa. Lo comprobamos en este mismo momento, cuando ojeamos un periódico local repleto de noticias de tiroteos, agresiones con arma blanca (machetes sobre todo) y asesinatos, y más tarde cuando vemos a gente común con una pistola en el cinturón. Muy tranquilizador, pero tendremos cuidado.

Catedral de Quetzaltenango
Por la mañana seguimos nuestro camino, y tardamos prácticamente todo el día para recorrer los 200 o 300 kilómetros que nos separan de Quetzaltenango, ciudad a la que llegamos ya de noche acompañados de un torrencial aguacero. En el trayecto hasta el hotel más cercano, nos calamos hasta los huesos, pero afortunadamente el sitio es todo un lujo en comparación con el de ayer (tres camas estupendas, baño y tele privados, agua caliente, internet), y conseguimos un buen precio para las siguientes tres noches que nos quedaremos aquí.  


Sahara y Ali, una de sus amigas en el hotel

Nuestro principal objetivo es descansar un poco y reponer fuerzas antes de continuar camino, ya que estas etapas en autobús se hacen un poco duras y bastante largas, y todavía nos quedan algunas por delante.
 Además, en el hotel hay un par de niñas con las que Sahara hace muy buenas migas.




Mujeres charlando en la calle


Quetzaltenango es una ciudad de montaña de las tierras altas con una fuerte presencia indígena, principalmente de las etnias K´iché y Mam, cuyos representantes aportan una nota de color a estas calles con sus vestimentas tradicionales. También es la segunda ciudad más importante del país, pero en los pocos días que pasamos en Xela (como también se conoce a Quetzaltenango) no lo notamos en absoluto, aunque tampoco es que nos movamos demasiado de las cercanías de nuestro alojamiento, muy bien situado en el centro de la ciudad.





Carmen y Sahara asomados a la ventanilla de nuestro autobús
El día 2 de octubre hacemos una excursión a la laguna Chicabal, situada dentro del cráter del mismo nombre y lugar sagrado en la cosmovisión Maya-Mam. Para llegar, salimos en un autobús hacia San Martín Sacatepéquez o Chile Verde, a unos 25 kms de Xela, pero a más de una hora en transporte público. A medida que nos vamos acercando (y se va haciendo más tarde), el cielo se va encapotando y el día luminoso que teníamos se oscurece poco a poco.



Vistiendo a la invitada a la manera tradicional

Llegamos a Chile Verde y comenzamos a caminar ladera arriba hacia la laguna, a pesar de que el cráter ya se ve totalmente cubierto por la niebla. De camino, nos acercamos a pedir permiso para hacer una foto a una chica en la puerta de su casa, y una cosa lleva a la otra, de forma que terminamos dentro de la casa compartiendo una comida con toda la familia, no sin antes retratarlas y retratarnos con ellas, ver como elaboran sus huipiles con un telar tradicional y dejar que vistan a Carmen con sus ropas típicas (algo que ya se está convirtiendo en una costumbre en algunos de nuestros viajes).




María tejiendo un huipil

Mientras estamos en esta casa comienza la lluvia, de forma que al final ni siquiera intentamos la ascensión hasta la laguna, pero aprovechamos la estancia con nuestras nuevas amigas hasta que decidimos volver a Quetzaltenango después de nuestro frustrado paseo y de este tímido acercamiento a la cultura local.



Permanecemos en la ciudad una noche más antes de seguir nuestro viaje camino de otra frontera, esta vez la mexicana. Una vez más el trayecto, aunque no muy largo, dura todo el día, ya que llegamos a San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, ya cerca de la medianoche.
Mujer indígena en Chiapas
Nueva parada técnica de un par de noches en la ciudad antes de seguir hacia Veracruz. Entre algún pequeño paseo por el pueblo, muy agradable por cierto, conocemos a alguna gente de Pronatura en el sur (nosotros nos dirigimos a colaborar con Pronatura Veracruz) y Carmen sale nuestra última mañana  a ver pájaros con ellos en una pequeña reserva cerca de esta ciudad, en la que vio un buen número de especies nuevas, entre ellos varias parvadas (bandadas) de paseriformes migratorios.

Salimos en otro autobús hacia nuestro siguiente destino, aunque tendremos que hacer un transbordo en el camino, ya cerca de nuestra meta. Hacemos esto ya que el precio del autobús directo es de más del doble que el que nos dejará en La Tinaja para coger otro transporte hasta Veracruz, así que nos resignamos a esperar casi tres horas para coger nuestro enlace desde que llegamos a La Tinaja de madrugada. 



Calle de Xela, con un volcán al fondo y la catedral a la izquierda

Mujer Mam en las calles de Xela

Mercado

Terminal de autobuses

Vistiendo a Carmen con ropas tradicionales


"Mujer Mam" 

María se quiso fotografiar conmigo

Y Carmen también

Risas probando los prismáticos 

La pequeña de la familia

Erik de Pronatura, con San Cristobal de las Casas al fondo

Niñas indígenas en Chiapas

viernes, 19 de octubre de 2012


EL SALVADOR. EN TIERRA DE MARAS. 23-29/09/12


Panorámica del Parque Nacional Los Volcanes, con el cráter del volcán Izalco en primer término, a la izquierda,
el volcán Cerro Verde cubierto de vegetación y el volcán Santa Ana entre las nubes

Salimos de Somoto y nos dirigimos a la frontera con Honduras, país que cruzaremos rápidamente por una estrecha franja del suroeste que linda con el océano pacífico, y que dejaremos pendiente para conocerlo en profundidad durante el viaje de vuelta hacia el sur dentro de unos meses. A pesar de esta decisión y debido a la lentitud de los transportes y a la falta de un enlace que nos convenga, nos quedamos a pasar la noche del 22 de septiembre en Choluteca, antes de continuar camino al día siguiente. Aunque algunas referencias que tenemos sobre el país destacan la violencia y la sensación de inseguridad, la gente y el ambiente con los que nos encontramos son igual de agradables que hasta ahora. También tenemos buenas referencias de otros viajeros… Ya veremos a la vuelta que tal nos trata este país centroamericano casi desconocido para el turismo de masas.

De momento, cruzamos otra frontera y entramos en El Salvador.


La fama de este país es tan nefasta, que en un principio no estaba incluido en nuestros planes de viaje, debido tanto a la inseguridad de la que nos hablaron (dicen que es uno de los países más peligrosos del mundo) como a la deforestación a la que ha sido sometido durante décadas. Pero al final consideramos que si nuestro viaje consistía en conocer en profundidad la región central del continente americano, no podíamos dejar de visitar ninguno de los estados que la conforman, al menos durante unos pocos días.


Desde el primer momento en que pusimos el pie en El Salvador, todo el mundo nos comienza a hablar del peligro que corremos, de que tengamos mucho cuidado, de que la violencia está muy extendida, etc. En fin, que empiezan a ponernos algo nerviosos (aunque hay que reconocer que, de momento, no demasiado, veremos que tal nos va…).

Nuestra primera parada es forzosa. Llegamos a San Miguel y no hay un autobús que vaya en la dirección que llevamos. Todo el mundo en la calle nos aconseja que busquemos un alojamiento cuanto antes y nos metamos en él hasta mañana por el día, así que eso es lo que hacemos.

Sahara y el volcán Izalco
Quiso el destino que el alojamiento más cercano que nos recomiendan sea un automotel, y que esté unos kilómetros a las afueras del pueblo. Este tipo de alojamiento, que la gente usa por horas, consta de un garaje en el que aparcas tu coche y desde el que por una puerta accedes a una habitación con todas las comodidades (tele por cable, ducha gigante, aire acondicionado…). Muy curioso, pero la verdad es que es muy económico, aunque con la desventaja de que debemos abandonarlo a las siete de la mañana.

El destino también quiso que no hayamos previsto el tema de la cena y que a partir del anochecer ya no haya buses para moverse hasta el centro urbano, así que me toca patearme un par de kilómetros de ida y otro tanto de vuelta para conseguir alimento para mi familia (en plan cazador recolector, enfrentándome a los peligros de mi entorno).

Evidentemente no pasa nada y llego sin novedades con la comida a mi habitación.

El motivo de todo este nerviosismo, que veremos durante toda nuestra estancia en El Salvador, es debido principalmente a la existencia de las Maras y su control sobre el territorio.
Las Maras son grupos o bandas muy violentos, con una gran presencia en el país, aunque se originaron en los Estados Unidos. Se dedican principalmente a la extorsión y el cobro de “impuestos” a determinados negocios, aunque otras de sus actividades incluyen el robo o los asesinatos a sueldo. Los integrantes de las Maras deben pasar por unos duros ritos de iniciación para poder pertenecer a una de estas bandas, soportando crueles palizas del resto de los integrantes de la pandilla o, en ocasiones, teniendo que cometer un asesinato para demostrar su fidelidad. Una vez dentro, la pertenencia es de por vida, “se vive para la mara y se muere para la mara”. Una de las señas de identidad de los integrantes de estas bandas son lo grandes tatuajes, con el nombre de la Mara, de su líder, números y otros símbolos. Nos sorprende mucho que nos digan que hasta un 60% de la población puede pertenecer a una de estas organizaciones. También nos cuesta creerlo.


Al día siguiente continuamos viaje hasta la playa del Tunco, cerca de La Libertad, en la costa central del país, llamada Costa del Bálsamo por la presencia de grandes árboles de bálsamo. Aquí solo pensamos hacer una pequeña parada, que se alarga hasta las tres noches, pues nuestro pequeño alojamiento es muy agradable, además de económico, y disponemos de piscina, varios salones con tele por cable, sala de hamacas e internet a solo 200 metros de la playa. 
Aprovechamos para bañarnos a menudo y seguir con las clases de natación de Sahara, pero sobre todo, para jugar mucho con las olas de esta playa, destino de gran cantidad de surfistas. Aquí, igual que en todo El Salvador, todos los negocios cuentan con guardia de seguridad, que pasa la noche vigilando acompañado normalmente de una recortada de repetición, algo a lo que nos iremos acostumbrando poco a poco.

Vistas desde el mirador del P.N. Walter T. Deininger


Murciélagos Pteronotus gymnonotus (el de color rojizo,
insectívoro) y Artibeus jamaicensis, frugívoro.

A poca distancia en autobús, se encuentra el Parque Nacional Walter Deininger, en el que pasamos una mañana. Aunque vimos algunos pájaros y rastros de mamíferos (nos dicen que se puede ver la taira Eira barbara con relativa facilidad), lo más provechoso para nosotros fue la visita a la cueva que está a pocos metros de la entrada, en la que pudimos observar al menos cuatro especies de murciélagos, y la vista del bosque desde arriba obtenida en el mirador del parque.



Volcán Cerro Verde y detrás el Santa Ana entre niebla, vistos desde la cumbre del volcán Izalco

Nuestro siguiente objetivo nos lleva a Sonsonate, desde donde visitamos el Parque Nacional Cerro Verde o de Los Volcanes, uno de los que tiene una mayor espectacularidad en cuanto a las vistas que se pueden obtener desde la cima de alguno de los tres volcanes que lo forman, el Santa Ana, el Cerro Verde y el Izalco.
Este parque dispone de un servicio de guías, los cuales son obligatorios (al igual que en los otros parques en los que hemos estado, está prohibido caminar solo por los senderos), y ofrece ascensiones hasta la cumbre de los volcanes Santa Ana e Izalco, ya que al volcán Cerro Verde, donde se encuentra la administración del parque, se sube en coche. En nuestro caso, llegamos aquí haciendo raid desde la parada de autobús, unos ocho kilómetros más abajo.

Cráter del volcán Izalco, donde se pueden ver fumarolas a la derecha 

Decido subir al volcán Izalco mientras Carmen y Sahara exploran los senderos más accesibles, y tengo que compartir mi excursión con un grupo de estudiantes de secundaria que están visitando el parque. También nos acompañan un policía y tres o cuatro militares armados, “por seguridad”, que nos indican por el mismo motivo que nadie se separe del grupo ni se quede rezagado y que si por cualquier motivo alguien tiene que regresar, todo el grupo regresaría.

La caminata es dura, sobre todo por la velocidad de la marcha, y en unos ocho kilómetros, descendemos un desnivel de 1.300 metros por una ladera en la que se han excavado 1.430 peldaños, ascendemos 1.200 metros por terreno volcánico de piedra suelta y regresamos por el mismo camino después de un corto descanso en el que aprovecho para circunvalar el cráter y acercarme a las fumarolas. Todo en poco más de tres horas, ni que fuera una carrera…

De todas formas, y a pesar del jaleo y la falta de respeto hacia el entorno de la pandilla de estudiantes (sorprendentemente subieron unos 25), las vistas desde la cima y el propio cráter del volcán merecieron la pena.

Para regresar a Sonsonate, conseguimos que uno de los autobuses de la excursión escolar nos acercara a un lugar donde agarrar con facilidad el transporte hasta el pueblo, así que todavía compartimos unos instantes más con la jauría de adolescentes que tanta simpatía me causaron durante la caminata.

Parque Nacional El Imposible, visto desde la cumbre del Cerro León

Nuestra última parada en El Salvador es el Parque Nacional El Imposible, famoso por ser el mejor conservado de este pequeño estado. Esta vez nos dirigimos allí con todas nuestras cosas, aunque una vez más se nos complicó la cosa más de lo normal. Llegamos a Cara Sucia, donde debemos encontrar el único bus que va hasta la puerta del parque todos los días a las 11:00, pero en Cara Sucia están celebrando el día de la independencia de la patria, y las carreteras están cortadas por un interminable y bastante patético desfile de bandas de estudiantes tocando y bailando observados por toda la población. Nos toca ir de un lado a otro preguntando donde podemos coger el bus, y algunos nos dicen que no hay, otros que para el norte, otros que para el sur…al final lo esperamos en las afueras del pueblo y conseguimos subirnos casi a las 13:00, un par de horas más tarde de lo que pensábamos.

Llegamos a las oficinas del parque, abonamos nuestra entrada y el derecho de acampada, pedimos que nos custodien las mochilas hasta que nos vayamos, y quedamos para mañana temprano con el guía que nos viene a recibir en cuanto nos ve de lejos y que, una vez más, es obligatorio para caminar por los senderos, aunque hay que pagarle diez dólares por sus servicios.

Mantis religiosa
Nos instalamos en el área de acampada y nos pasamos por el forro la ridícula normativa, yéndonos a dar un paseo antes de que se haga de noche, con la suerte de poder observar un armadillo de nueve bandas (Dasypus novemcinctus) antes de que anochezca.  

Por la mañana llega César, nuestro guía, y nos vamos a hacer uno de los senderos más largos del parque, en el que obtendremos buenas vistas de hasta el 90% de su superficie, además de buenas oportunidades de ver parte de su fauna más representativa.

Caminamos toda la mañana por dentro del bosque, del que obtenemos una buena perspectiva desde el Cerro León, punto más alto de este Parque Nacional, y vemos media docena de especies nuevas, entre las que destacaría un trogón (Trogon elegans) y un tucán (Aulacorhynchus prasinus) alimentándose de pequeños frutos. Llegamos a mediodía a nuestro campamento, lo recogemos y alcanzamos a agarrar el autobús que nos devolverá a Cara Sucia para, desde ahí, dirigirnos a la frontera con Guatemala, donde entraremos por la tarde, siempre camino de México. 


Playa El Tunco

                                                              P.N. Walter T. Deininger:


Murciélagos sin identificar:


Huellas de taira

P.N. Los Volcanes:








Ranas en el P.N. El Imposible:



Caminando en El Imposible

Algunos vídeos de juegos en la playa: