sábado, 14 de julio de 2012


BOQUETE. DONDE LA LLUVIA SE JUNTA CON LA TIERRA…   


…se forma barro. Y esto es lo que encontramos al llegar a Boquete.

Todo el mundo nos recomendó visitar este pequeño pueblo, totalmente rodeado de montañas cubiertas de frondosos bosques en sus laderas. Las guías dicen que es uno de los cinco mejores lugares del mundo para vivir, sobre todo por su benévolo clima, al que denominan una eterna primavera. También es la localidad de referencia para la ascensión al Volcán Barú y la visita al Parque Nacional del mismo nombre.
Así que allí fuimos.

Panorámica de Boquete y alrededores, con el pueblo en el centro a la izquierda y el volcán Barú a la derecha de la foto


Vegetación exuberante
El Barú, extinto volcán al que no conseguimos subir, es el punto más alto de Panamá, con sus 3475 metros de altitud sobre el nivel del mar, y desde su cima pueden verse los dos océanos durante los días despejados. Además, en sus faldas pueden observarse diversas aves de montaña, entre otras los quetzales espléndidos, de los que queremos obtener una observación más jugosa que la de Braulio Carrillo.




Caminando bajo la lluvia
Pasamos tres días en Boquete, en los que apenas dejó de llover. Además, nos informan de que la ascensión al volcán está muy complicada a causa de las fuertes lluvias, y el sendero de los quetzales, otra de las caminatas que nos interesaban de la zona, permanece cerrado desde el año pasado por el mismo motivo, a causa de la muerte de un guía en una crecida del río. O sea, que el agua con la tierra han formado barro, mucho barro. Tanto barro que los caminos o no existen o están intransitables.

Desastre de paraguas


Parada para comer
De todas formas, aprovechamos nuestra estancia para caminar por los magníficos bosques que rodean el pueblo e intentar ver algo de fauna de montaña. Cómo no, nos cogió la lluvia más de una vez, y en alguna ocasión acabamos calados hasta los huesos.



A pesar de todo, disfrutamos de las caminatas, conseguimos ver una panorámica del pueblo y el volcán durante una tregua de la lluvia e incluso añadimos seis o siete especies nuevas de aves a nuestra lista. Después de esto, decidimos cambiar otra vez de aires y dejar el volcán para una posible nueva visita en el futuro.

Mujeres Ngöbe-Buglé

En esta zona, así como en la mayor parte del interior montañoso del país, habita la etnia Ngöbe-Buglé, que mantiene la población más numerosa entre las distintas naciones indígenas de Panamá. Sus mujeres utilizan como prenda tradicional e identificativa de su grupo tribal unas túnicas de diferentes colores, probablemente impuestas en el pasado por conquistadores o religiosos occidentales.




Dirigimos nuestros pasos hacia el Pacífico, al pueblo de Chitré, previa escala en David y en Santiago, donde pernoctamos. El objetivo de esta parada es el de dividir el trayecto hacia la Ciudad de Panamá y que no se haga tan pesado, sobre todo para Sahara. Si además podemos darnos un baño y que el enano siga practicando con sus clases de natación, pues perfecto.

Ensenada del Agallito, con numerosas especies de aves, sobre todo limícolas


Viendo pájaros
Llegamos a Chitré por la mañana, y después de una comida tempranera, nos dirigimos a la playa del Agallito, que resulta no ser una playa, sino una ensenada rodeada de manglar donde vemos unas dos docenas de especies de pájaros, de las cuales la mitad todavía no habíamos visto en este viaje, la mayoría de ellas limícolas.  A pesar de no poder nadar, Sahara se remojó y disfrutó de la "playa" como siempre.

Remojándose en la lámina de agua

Cada uno a lo suyo

Jugando con la canoa vegetal


                                                       Más fotos de Boquete:

Subida para observar las vistas del volcán


Pequeño refugio

Arriba. El volcán se cubrió por completo al poco de llegar




Aquí nos refugiamos un rato de las fuertes lluvias

Siempre con equilibrios


  

La bajada fue "muy divertida"

Niña Ngöbe-Buglé


Compañeros de autobús

En Panamá, muchos buses son escolares de USA reciclados



Elanios tijereta (Elanoides forficatus)




domingo, 8 de julio de 2012

PARQUE NACIONAL SAN SAN POND SAK. DONDE CONFLUYEN EL RÍO Y EL MAR


La luna llena, velada por una capa de nubes, ilumina la playa de San San.
El mar, agitado en este tramo de costa caribeña, bate con fuerza contra la arena.

Tortuga laúd
A lo lejos, un bulto se desliza trabajosamente en dirección a la línea de árboles, situada a unos quince metros del agua. A medio camino, se detiene. Ahora empieza el trabajo duro. Una vez más en lo que lleva de su dilatada existencia, una tortuga laúd (Dermochelys coriacea) o baula, como la llaman aquí, debe poner en peligro su propia supervivencia en aras de la perpetuación de su especie. Fuera del agua, en un medio que no es el suyo, ofrece una fácil presa para aquellos, hombres o animales, que ansían obtener su carne o sus huevos como alimento.

Ella trabaja. Sin prisas, comienza la excavación de un nido que alcanzará casi el metro de profundidad. Resopla, excava, resopla, se gira un poco y vuelve a resoplar, reproduciendo un comportamiento tan antiguo como su propio linaje. Y que, junto a otras amenazas, como las interacciones con artes de pesca, el desarrollo inmobiliario sin control de las costas y la asfixia producida por los plásticos que consumen por equivocación creyendo que son medusas (su presa principal), poco a poco las han llevado a la crítica situación en que se encuentran sus poblaciones a nivel mundial. Ahora además, es posible que el cambio climático se una a estas amenazas, pues el sexo de las pequeñas tortugas viene determinado por la temperatura ambiente durante la incubación, con el riesgo que esto conlleva, ya que el aumento o disminución de unos pocos grados en el clima de las playas de puesta, podría sesgar el sex ratio poblacional en uno u otro sentido (sólo nacerían hembras o machos) con lo cual a larga no encontrarían pareja para reproducirse.
Recogiendo los huevos

Utilizando las aletas traseras a modo de palas, va sacando la arena del agujero, ahuecando la palma de la pata derecha como si de una mano humana se tratara, para luego tirarla hacia un lado y repetir la operación con la aleta izquierda. Algo más de media hora más tarde, el nido está listo y comienza la puesta. Uno tras otro, los huevos son depositados sobre la arena húmeda para luego ser cubiertos por completo y así, unas ocho o diez semanas después, eclosionar y dirigirse hacia el mar, ya bajo la forma de diminutas miniaturas de su madre.
O esto sería lo normal. Aquí en San San Pond Sak, una nueva etapa ha sido añadida a este ciclo natural para que el círculo se cierre sin contratiempos y las pequeñas tortuguitas tengan la oportunidad de repetirlo dentro de más de un cuarto de siglo.

Desde la Asociación de Amigos y Vecinos de la Costa y la Naturaleza (AAMVECONA), se trabaja para evitar que estos grandes quelonios y sus huevos sean producto de la explotación y el comercio ilegal. Para ello, patrullan las playas noche tras noche durante los cinco meses en que la mayoría de las  grandes tortugas laúd salen a tierra firme para realizar sus puestas. 

Vivero
Cuando se localizan, los huevos son trasladados a un vivero en la propia playa, donde se incubarán enterrados en nidos artificiales excavados en la arena y desde donde los pequeños se liberarán una vez hayan emergido de esta. Además, las patrullas actúan en cierta medida como disuasorio contra los furtivos, que al menos no campan a sus anchas en la playa aunque, de vez en cuando, se llevan algunas puestas e incluso matan algunas de las inmensas tortugas adultas.



En Cahuita, Inma, una chica cordobesa que colabora en cooperación internacional, nos recomendó este lugar y esta asociación para intentar realizar un voluntariado, y aquí estamos, colaborando un poco en el proyecto durante tres días. Nuestra intención era la de estar algún tiempo más, pero la falta de espacio en la casa debido a la llegada de un grupo el próximo fin de semana y el que la temporada esté acabando, no nos permiten quedarnos más.

Reubicando huevos en el vivero
La primera noche nos tocó un turno de patrulla nocturna. Recorrimos algo más de siete kilómetros por la playa y localizamos a nuestra primera laúd, de la que hablamos al principio del relato. Esperamos a que construya el nido, la medimos, registramos el número de sus placas (ya que la mayoría de las que desovan aquí están marcadas) y recogemos los huevos en una bolsa a medida que los va poniendo. Deposita 69 huevos normales y 32 “vanos” o no fértiles, que los neotanos consumirán antes de comenzar a excavar para emerger a la superficie y que la hembra pone al final, sobre los demás. Cuando la tortuga vuelve al agua, nosotros nos vamos y colocamos la puesta en el vivero para que se desarrolle después de excavar un nido de aproximadamente la misma profundidad que el original.

Imaginad la cara de Sahara cuando, de noche y tras una caminata de más de tres kilómetros, se encuentra con una tortuga de dos metros y pico de longitud que excava en la arena a medio metro de nosotros. Y ahora, imaginad las nuestras. Supongo que no es necesario decir que es un espectáculo fascinante. Y además, una hora más tarde repetimos parte de la experiencia con otro ejemplar.



Pero esto no es todo. Estamos en época de nacimientos y todas las noches soltamos entre 50 y 100 recién nacidas (aunque en el vivero se han manejado casi 20.000 huevos este año) para que comiencen su vida en el mar, reduciendo con esto también todos los peligros a que se enfrentan en condiciones naturales antes de entrar en el agua.
Sahara no cabe en sí de alegría. Se autodenomina guardián de las tortugas y es el primero en sacarlas del nido y en soltarlas a pocos metros de la orilla, confesándonos que este trabajo le gusta mucho. Fantástico, todos contentos.




Y aún hay más. Contrariamente a lo que podría pensarse, a esta playa caribeña llegamos en barca,…pero por el río. El río San San discurre entre selva y manglar desde la ciudad de Changuinola hasta su desembocadura (este es el tramo que recorrimos nosotros) y es un santuario para el también amenazado manatí (Trichechus manatus), además de hogar de monos, perezosos, mapaches, multitud de aves etc, etc. AAMVECONA dispone de una plataforma desde la que es posible observar a los manaties, pues acostumbran a cebarlos con hojas y frutos de su agrado. Hacemos cuatro intentos para verlos, pero “únicamente” los vemos en el segundo. Suficiente para disfrutar de un animal que nunca pensamos observar debido a lo difícil que resulta verlo en la naturaleza.

Bufo marinus
Además, y gracias a que tenemos a nuestra disposición una canoa de la asociación, nos movemos bastante por el río y los canales entre los manglares, donde también vemos varias especies de aves, perezosos de tres dedos, tortugas de río y una abundante especie de sapo de gran tamaño que nos encontramos incluso en la arena de la playa.

Aparte de todo esto, la gente con la que hemos compartido estos días, ha sido muy amable con nosotros y con Sahara, que hizo muy buenas migas con Juan Ramos, el coordinador de campo, con el que hasta se ha ido de pesca y de paseo mientras nosotros nos dedicábamos a otras cosas.
En fin, una experiencia que, aunque algo corta, será digna de recordar, tanto por la labor realizada como por haber visto dos especies emblemáticas que no contábamos ver (la tortuga laúd está terminando la temporada de puesta y, en teoría, sería muy difícil que desovara alguna durante nuestra estancia. A pesar de esto, en las dos noches siguientes a nuestros avistamientos, salieron otras dos hembras de baula y una de carey (Eretmochelys imbricata) que no pudimos ver por la distancia a la que estaban del vivero, nuestro puesto de esas noches).   

Nuestro equipaje (y dejamos alguna cosa en San José)

Flipando con la tortuga gigante

Tras la puesta

El guardián

Rastro de laúd

Puesta en la arena


Nacimiento en el vivero

Preparándolas para la suelta

Traslado

Esperando a que atardezca

Comienza la suelta

Liberando y deseando suerte a las recién nacidas

Vivero en la playa

Emboscada...

...y captura!

De pesca con el señor Juan

Paseo en canoa

Raíces de mangle

  
También con tortugas de río


Con una pequeña jicotea (Trachemys sp.)


Una buena captura en el río

Perezoso de tres dedos

Suerte y hasta la próxima!!!
                   

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Tortuga laúd excavando el nido

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Tortuga laúd desovando


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Manatí comiendo

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Sahara y Juan vuelven de pescar por el río

Algunos vídeos de nuestros paseos en canoa: 

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