jueves, 21 de junio de 2012


PARQUE NACIONAL CAHUITA. A RITMO AFROCARIBEÑO





Estamos en el autobús. Es tarde y ya se ha hecho de noche. Carmen dormita en el asiento de enfrente y Sahara duerme desde hace rato apoyado en su regazo. Yo estoy leyendo una novela sobre la guerrilla Guatemalteca de la década de los ochenta. De repente se oye un estampido, la ventanilla que está cuatro asientos por delante del mío estalla en mil pedazos y una piedra del tamaño de un pomelo entra en el vehículo. Afortunadamente nadie resulta herido y todo se queda en una anécdota, pero podría haber sido mucho peor.
Pocos minutos antes, un camión de los bomberos apagaba un incendio a pie de carretera y al día siguiente nos enteramos que hay huelga de transportes y piquetes en las carreteras, con lo que tenemos la respuesta a este pequeño atentado indiscriminado.
Ya antes, a la hora de comprar los billetes, el boletero nos anuncia que la carretera está cortada por las fuertes lluvias de los últimos días y que, debido a este inconveniente, el viaje durará dos horas más de lo normal (o sea, seis en vez de cuatro), con lo que llegaremos a Cahuita pasadas las 22 horas. Para compensar el rodeo que tendremos que dar, el billete será un tercio más caro de lo habitual…¡Y se quedan tan anchos!

Tras este accidentado viaje, y debido a lo avanzado de la hora, todos los alojamientos están cerrados, lo que no evita que en pocos minutos estemos instalados en uno de los más baratos del pueblo. Esto es el caribe negro costarricense y ya se respira otro ritmo en el ambiente. Parece que nos va a gustar…

Decidimos quedarnos aquí unos días, para descansar un poco, organizar algo nuestros próximos pasos, vivir el caribe a su ritmo y, posiblemente, probar la yerba caribeña. Aunque no dejaremos de patear y buscar bichos, no os vayáis a pensar…

Parque Nacional Cahuita

Ha pasado una semana y seguimos aquí. La verdad es que el ambiente de este pequeño pueblo es lo que nos apetecía ahora mismo.

Calle principal de Cahuita, en el centro del pueblo
Aquí la población es afrocaribeña, proveniente en su mayoría de Jamaica durante el siglo XIX para trabajar en las plantaciones de plátanos de la United Fruit Company (que era la que ponía y quitaba gobiernos en Centroamérica en aquella época, de ahí lo de repúblicas bananeras) y relegados al olvido por las administraciones en este tramo de costa tras la devastación de las plantaciones por las plagas hasta hace bien poco. Esto ha hecho que mantengan su cultura y eso se nota, no solo en el ritmo más pausado de esta parte del caribe, sino también en la comida (se cocina con mucho coco, p.e) o en el idioma (todavía hay mucha gente que habla garifuna, una mezcla entre inglés y lenguas originarias africanas que, por lo poco que escuchamos, es indescifrable).
Parece un surferillo...

Nosotros solo encontramos ventajas para pasar aquí estos últimos días.

Bocaracá
Tenemos el Parque Nacional con las playas y la fauna a cinco minutos caminando y todos los días pateamos un rato por el sendero viendo monos aulladores y carablancas, los dos tipos de perezosos (la densidad de mamíferos arborícolas es impresionante, pues llegamos a ver 7 perezosos diferentes en menos de un kilómetro o 5-6 grupos de aulladores en una mañana de caminata), mapaches, iguanas, muchas hormigas, etc. Además la entrada es gratuita, a cambio de una donación, y no hay que desembolsar como en casi todas partes…

Estamos alojados en un sitio decente por la mitad que en cualquier otro sitio que hayamos estado y por las mañanas escuchamos los aulladores desde la cama… 

Tras la guerra de arena con papá

Sahara se lo pasa en grande bañándose en la playa y está ganando mucha confianza, flotando y empezando a soltarse a nadar poco a poco…y también vemos bichos desde la playa!…


El ambiente es muy, muy relajado y el pueblo son solo cuatro calles de tierra en un pequeño pedazo de paraíso...      ¡y además no llueve!!!...

Una parada durante el pateo

…así que parece que seguiremos viendo un poco más de costa caribeña y nos vamos a pasar unos días al Refugio Nacional de Vida Silvestre Gandoca Manzanillo, unos pocos kilómetros al sur de aquí, cerca de la frontera con Panamá.

La playa en que nos bañamos a diario, con monos y perezosos detrás

Vista de la selva circundante desde una torre de observación para la migración de rapaces

Así aprende a nadar

Durante la guerra...

...y durante la paz

En el sendero

Sahara con Mauro, un colega rasta local

Mira mamá!

Trepando un cocotero por arriba...

...y por abajo

Alegría
                                                 
Equilibrios


Más del sendero


Nuestra calle en el pueblo

Mono carablanca

Y aulladores

Bothriechis schegelii
                                                 
Rana roja venenosa (Oophaga pumilium)

Perezoso de dos dedos

Gavilán manglero (Buteogallus anthracinus)

Basiliscus plumifrons





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Perezoso de tres dedos


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Mapaches



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Aulladores

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