jueves, 7 de marzo de 2013

LA ENCRUCIJADA. MONITOREO Y TRAMPEO DE COCODRILIANOS ENTRE LOS MANGLARES DE MAYOR TAMAÑO DEL PACÍFICO


Raíces de mangle en la isla de Paspak

La pequeña embarcación navega lentamente sobre las tranquilas aguas del canal. El silencioso motor de cuatro tiempos que la impulsa no altera demasiado la tranquilidad de la noche, iluminada por la luna creciente. El haz de luz del foco barre de un lado a otro las dos orillas, cubriendo un ángulo de 180º por delante de nuestra barca. Un leve movimiento de la luz de arriba abajo indica al motorista que un cocodrilo (Crocodylus acutus) ha sido localizado desde la proa, así que la embarcación vira despacio hacia la derecha, donde la luz alumbra hacia un punto fijo. Toda la tripulación, compuesta por seis adultos y un niño, permanecemos en silencio para no espantar al saurio durante el acercamiento.

En la punta de la embarcación dos figuras indican al conductor la dirección a tomar. Una de ellas mantiene al lagarto iluminado, mientras la otra maneja la pértiga en la que está montado el lazo con el que pretendemos atraparlo.
La barca, con el motor ya apagado, golpea suavemente contra las raíces del manglar y una de las figuras de proa la impulsa con la mano hacia el interior de la maraña, buscando acercarse aún más al saurio. La pértiga se acerca, muy despacio, a la cabeza del reptil, y el lazo va rodeando su hocico, buscando el cuello.

De repente el animal reacciona y después de un fuerte coletazo desaparece entre las raíces de mangle. La luz rastrea rápidamente alrededor de la barca, pues la captura no ha podido llevarse a cabo y, entre una nube de lodo, vemos cruzar bajo nuestra quilla a un inmenso cocodrilo de unos cuatro metros de longitud, que se despide con un último coletazo antes de desaparecer en las aguas más profundas del canal, alejándose de la orilla.
Continuamos nuestro recorrido y, tras otros dos improductivos intentos de captura, en los que los reptiles desaparecen antes de poder acercarnos lo suficiente, un fuerte brillo en el agua, parecido a una brasa encendida, nos avisa de la presencia de un caimán (Caiman crocodilus).

Esta vez nos acercamos sin problemas, pues los miembros de esta especie son menos asustadizos que los cocodrilos. La pértiga avanza, supera el hocico y alcanza el cuello, donde un fuerte tirón cierra el lazo sin remedio. Un segundo después, el agua hierve mientras el caimán se retuerce y lucha por liberarse, soltando bocados al aire a su alrededor. Tras una breve lucha en la que capturador y capturado juegan al tira y afloja, el animal muerde un tronco de mangle, quedándose trabado en su presa.

No sin esfuerzo conseguimos abrirle la boca y, después de otro breve momento de lucha, lo acercamos a la borda de nuestra embarcación, donde se le inmovilizan las fauces con una cuerda antes de subirlo a bordo y encintarle la boca para mayor precaución.


Una vez hecho lo más difícil, sólo queda tomarle las medidas morfológicas, sexarlo, realizar los marcajes con chapa metálica numerada y corte de escamas, sacar unas fotos y volver a liberarlo con cuidado.

Marcaje de los cocodrilianos: colocación de la placa metálica, detalle de la placa colocada y corte de escamas para la identificación a distancia de los individuos que, en el caso de las fotos, son todos caimanes

Pudimos participar de estos monitoreos y trampeos de cocodrilianos durante las noches del 23 al 25 de enero en la Reserva de la Biosfera La Encrucijada, impresionante bosque de manglar en la costa pacífica del estado de Chiapas, gracias a la invitación de la CONANP (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas) por medio de Rafa, nuestro anfitrión.

Uno de los canales entre manglares que forman parte de la Reserva de la Biosfera de La Encrucijada

La experiencia fue increíble, sobre todo porque no contábamos con realizar capturas, sino solamente un censo mediante recorridos nocturnos en barca, algo que ya nos parecía suficientemente interesante. Aunque, desde luego, lo que nos encontramos superó todas nuestras expectativas.

El equipo al completo en la lancha. A la izquierda, Cris, Edgar, Carmen y Reinerio al motor.
A la derecha, Cris, Edgar, Rafa, Sahara y yo en la proa


La Encrucijada se encuentra a poca distancia de la frontera con Guatemala, así que viajamos durante más de seis horas en autobús desde la ciudad de Tuxtla Gutiérrez para llegar hasta aquí.
Al llegar acompañamos a Rafa y a Cris (otra integrante del equipo, del que también formaron parte Reinerio, al motor, Edgar, experto capturador de grandes y pequeños cocodrilianos y, el último día, Cande, sustituyendo al capitán) a comprar víveres para un par de días, cargamos el material necesario en el camión y salimos hacia el embarcadero de Las Garzas.
Desde aquí comenzará el recorrido de nuestra primera noche y aquí empezamos los avistamientos de fauna con un mapache (Procion lotor) que patrulla la orilla opuesta, una garza cucharón (Cochlearius cochlearius) y varios murciélagos pescadores grandes (Noctilio leporinus) que hacen honor a su nombre a escasos metros de nosotros ante nuestra mirada atónita.


Unas cuatro horas después de comenzar y tras avistar casi 50 reptiles y capturar tres, llegamos al campamento de La Concepción, base de operaciones donde descansaremos de la dura jornada de hoy. Nuestra primera experiencia cercana con los saurios incluyó el trampeo y manejo de un pequeño cocodrilo de unos 70 centímetros, que hasta Sahara pudo agarrar durante un rato, y de dos caimanes de alrededor de 1,5 metros, uno de los cuales me dejó un pequeño recuerdo en forma de herida en la yema del dedo medio de la mano izquierda, gracias a un error cometido al confiarme mientras le sujetaba la cabeza.

Estos animales son fuertes, y aprovechando un momento en que aflojé la presión sobre su hocico, utilizó la potencia de su cola para liberarse, rajándome levemente el dedo con un colmillo.
Abochornado, lo sujeto de nuevo, sin poder evitar pensar qué podría pasar si no se les encintara la boca nada más subirlos a bordo (una de las operaciones que me tocó desempeñar durante las capturas de estos días) para que no sean tan peligrosos.



Vista aérea de una parte de la reserva (cedida por Rafa Paredes) 
A la mañana siguiente vemos con la luz del sol el entorno en el que estamos inmersos. Desde el embarcadero se divisa la muralla vegetal que nos rodea, formada por cinco especies de mangle: el rojo (Rhizophora mangle), el blanco (Laguncularia racemosa), el negro (Avicennia germinans), el amarillo (R. harrisonnii) y el botoncillo (Conocarpus erectus), además de otras especies como el zapotón o zapote de agua (Pachira aquatica), y otras que componen las selvas bajas y medianas como la palma real (Sabal mexicana), la palma de coyol (Acrocomia aculeata), el chicozapote (Manilkara zapota), la piñuela (Bromelia pinguin), los matapalos (Ficus sp.), el castaño (Sterculia apelata) o la ceiba (Ceiba petandra), así como extensiones de tular (Typha sp.) y popal (Thalia sp., Cyperus sp.).

En el suelo hay rastros de iguanas (Iguana iguana), incluido un nido donde han puesto sus huevos, y  de cocodrilos, e incluso vemos a unos de ellos de más de tres metros cruzar tranquilamente a nado el canal que tenemos ante nosotros y en el que se zambullen tranquilamente los pájaros cantil (Heliornis fulica) y algunos de los martines pescadores (Megaceryle torquata, Ceryle alcyon y Chloroceryle amazona) presentes en la zona.



Después del desayuno salimos en la lancha hacia un par de islas, de nombre Koakespala y Paspak, ubicadas entre los canales de agua salobre. En ellas buscaremos rastros de la presencia de pecarís de collar (Pecari tajacu o Tayassu tajacu) e intentaremos localizar monos araña (Ateles geoffroyii) durante la mañana, aunque sólo logramos encontrar algunas huellas de los primeros, pertenecientes a un pequeño grupo que fue liberado esterilizado unos años atrás, tras la desaparición de esta especie hace alrededor de 35 años, probablemente debido a una excesiva presión de caza. 


En este recorrido podemos oler por segunda o tercera vez desde que estamos en La Encrucijada el característico tufo del puercoespín mexicano (Sphiggurus mexicanus), y aprendemos a reconocerlo para  futuros encuentros, ya que todavía no conocíamos su olor.
En esta ocasión, es muy probable que se encuentre escondido en el hueco del tronco de un Ficus, pues la intensidad del olor varía a menudo, llegándonos de repente intensas vaharadas de sus efluvios, posiblemente debido  a que se mueve dentro de su escondite.
Además localizamos varias púas al pie del árbol, señal inequívoca de que lo usa a menudo como lugar de descanso. Desafortunadamente no hay modo de que podamos llegar a los huecos que vemos desde abajo, y que están un par de metros por encima de nuestras cabezas, así que nos quedamos con las ganas de echar un vistazo a este hermoso mamífero americano al que todavía no tuvimos oportunidad de ver en el campo.

De vuelta al campamento para tomar un merecido descanso, comer y reponer fuerzas, Sahara disfruta más que nadie del paseo en lancha, ya que nuestro capitán le permite manejar el motor durante todo el camino por el canal principal. A partir de esto, hasta soñará con lanchas todas las noches, señal de que la experiencia fue memorable...


Lirios de río invadiendo el canal 

Por la tarde salimos hacia el punto de inicio del recorrido de hoy, donde esperamos a que anochezca entre lirios de río (Eichornia crassipes), especie invasora en la zona que no permite que naveguemos a nuestras anchas debido a su densidad en algunos tramos del canal. Por el camino vemos, entre otras aves, al aguililla canela (Busarellus nigricolis) y al milano caracolero (Rostrhamus sociabilis), especies nuevas o casi nuevas para nosotros, y durante la espera disfrutamos de la técnica de pesca de las dos especies de murciélago pescador, la grande y la pequeña (Noctilio albiventris).

Subiendo un gran caimán a la barca


Una vez que el sol desaparece del firmamento comenzamos el monitoreo, en el que hoy participamos también como ojeadores en la proa de nuestra barca, manejando el foco, además de continuar midiendo y ayudando en la sujeción de los reptiles capturados.
Unas tres o cuatro horas más tarde, cerca de 60 saurios observados y cinco capturas realizadas reflejan los resultados obtenidos. Todos los animales manejados hoy pertenecen a la especie Caiman crocodilus, pues los cocodrilos se han mostrado muy esquivos. Concretamente atrapamos un neonato de unos 40 centímetros, que es liberado sin marcar, pues se atrapó más que nada para que Sahara y nosotros pudiéramos ver de cerca un recién nacido; uno de unos 60-70 centímetros, que sí es marcado y medido, aunque también es manejado por nuestro pequeño; otro de algo más de un metro y dos de alrededor de 1,5 metros, llegando el más grande a pesar más de 18 kilos.

Los reptiles de menor tamaño son capturados a mano, pues el lazo de acero podría causarles serias lesiones y en estos casos la técnica varía un poco, siendo una de las personas que se encuentra en la punta la que se estira tumbada boca abajo hasta que puede atrapar el cuello del animal mediante un rápido movimiento desde la distancia adecuada.
Mediante esta técnica fueron capturados los tres caimanes más pequeños de la jornada de hoy y el pequeño cocodrilo de ayer.

Liberando un caimán

Terminamos en el campamento, en el que recogemos nuestras cosas y salimos hacia Acapetahua, pues otras gestiones ocupan el día de mañana de nuestros anfitriones. A pesar de ello, todavía nos queda la última noche de monitoreo, así que sobre las ocho de la tarde, ya de noche cerrada, salimos una vez más en la embarcación de la Reserva.


Hoy no viene Cris, así que también hay que ocupar el puesto de apuntador, y registrar en las fichas todos los datos generados durante el monitoreo, tarea de la que se encarga principalmente Carmen. Vemos cerca de 100 cocodrilianos, muchos de ellos cocodrilos de río de gran tamaño, aunque la mayoría se muestran demasiado esquivos y sólo conseguimos la captura de un pequeño cocodrilo de unos 80 centímetros y dos caimanes de 1,5 metros.


Para rematar la jornada, que se desarrolla sin contratiempos, Edgar y Rafa imitan durante un rato el reclamo de los cocodrilos, que nos responden con sus rugidos un buen número de veces. ¡Estupendo final para unos días de trampeo inolvidables!

Liberación de un caimán

Al terminar nos dirigimos de nuevo al embarcadero, de regreso a Acapetahua, donde nos quedamos a dormir una vez más en casa de Cris.

Garza cucharón

Además de todos los reptiles observados, durante los foqueos pudimos ver gran cantidad de mapaches, zarihuellas o tlacuaches (Didelphis virginiana) y nictibios (Nyctibius jamaicensis y N. grandis), con los que también disfrutamos en varias ocasiones.

El último día de monitoreo, Sahara se pone enfermo y por la noche le sube un montón la fiebre, así que decidimos quedarnos una noche más en casa de Cris para que se recupere un poco, hasta que nos vamos el sábado 26 de enero hacía la reserva natural de Puerto Arista, nuestra próxima parada.

Nuestro cachorro manejando saurios. De izquierda a derecha, neonato de caimán, caimán de clase 1 (más de 60 centímetros) y cocodrilo, también de clase 1. Pueden apreciarse las diferencias características entre las dos especies, tanto de coloración como en la morfología de la cabeza, con el hocico más largo y fino del cocodrilo y los prominentes ojos del caimán, además de la postura de la cabeza en relación con el cuerpo, levantada en el caimán gracias a la existencia de una vértebra más en el cuello que en los cocodrilos

                                       Algunas imágenes de nuestros recorridos diurnos por La Encrucijada:
Vista del canal desde la barca








Buscando monos araña

Un descansillo durante la marcha

Raíces de mangle

Pobladores









Ya estoy listo, ¿nos vamos?

                                                                    Más fotos del proceso de trampeo:
                                                                       Sacando los ejemplares del agua:




Caimán grande, agarrado de forma especial para su marcaje

                                                       Tomando medidas a los distintos ejemplares:












                                                                               Atado y pesado:












                                                                                      Marcaje:



                                                                                      Sexado:



                                                                                  Otras fotos de manejo:












Contando escamas





                                                                                              Liberando:







                   Para rematar, Sahara con unos cráneos de las diferentes especies manejadas:



...y un escorpión.


                                                                Vídeos de las capturas del primer día:

                                           




Moviéndonos en lancha entre los manglares:

Sahara, el motorista:



Y más trampeos:
                                         






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