jueves, 9 de mayo de 2013


BELIZE. TOMA DE CONTACTO Y PRIMERA SEPARACIÓN DEL VIAJE


Panorámica de una parte del pueblo de Corozal

Nuestro permiso de 180 días en México llega a su fin, así que aprovechamos que Bacalar está a poca distancia de la frontera con Belize y de que es un sitio donde tranquilidad y belleza se aúnan para que estemos a gusto, así que lo usamos como cuartel general mientras cruzamos al país vecino desde aquí. Tendremos que hacerlo de uno en uno por separado, mientras el otro espera en la laguna, ya que Sahara todavía no tiene pasaporte y no puede salir de México. Aquí están nuestras respectivas impresiones sobre esta primera toma de contacto con Belize:

Una calle de Corozal, con la cancha de baloncesto, al lado del mar

Marcos
Me toca cruzar el primero, abrir camino y ver cómo es Belize, país del que no tenemos ninguna mala referencia, así que el día 28 de marzo agarro un taxi colectivo y me dirijo a la frontera de Subteniente López, muy cerca de la ciudad de Chetumal.

Una calle de Corozal
Una vez más, en la frontera mexicana, el funcionario de turno me ofrece la posibilidad de arreglar mis papeles por un “módico” precio sin necesidad de cruzar al país vecino, posibilidad que rechazo sin pensármelo, ya que prefiero intentar conseguir el sello por mi cuenta, a ser posible regresando en el mismo día a Bacalar, a pesar de que me advierten que eso no va a ser posible. Para asegurarse de que no lo tenga fácil, avisa por radio a sus compañeros y les da mis datos, previniéndoles de que estén al tanto y no me dejen pasar, pues voy a intentar cruzar de vuelta hoy mismo.

Camino el kilómetro o kilómetro y medio que separa el puesto fronterizo mexicano del beliceño para encontrarme con nuevos problemas. No me dejan entrar en Belize.
Autobús en una calle de Corozal
Resulta que el funcionario no quiere sellarme la entrada en el país porque dice que sólo quiero el sello para renovar mi estancia en México. No está equivocado, pero no entiendo cual es el problema. Insisto, pero no consigo mucho. Al final me pide una reserva en un hotel para justificar que voy a hacer turismo en Belize. Como no tengo, me sugiere que consiga una con la ayuda de la oficina de turismo que se encuentra al lado de su ventanilla, pero los precios de los hoteles que maneja esta oficina son demasiado elevados y no pienso pagar una pasta por dormir ni por entrar al país, así que sigo insistiendo con el agente migratorio, que finalmente accede a dejarme pasar con la condición de que pase un mínimo de 72 horas dentro de Belize, advirtiéndome de que si intento salir antes de ese plazo, me anularán el sello de entrada y volveré a estar como al principio.

Los de turismo me dejan conectarme a Internet y así consigo al menos hablar con Carmen e informarla de cómo está mi situación en la frontera y de que es más que probable que me quede tres días en Corozal, el pueblo más cercano al puesto fronterizo.

Puente fronterizo

Por si cuela, vuelvo a la frontera mexicana e intento ingresar de vuelta al país, pero me dicen que sin el sello de salida beliceño no pueden dejarme pasar, así que camino otra vez hasta la puerta de Belize, donde accedo a este país después de más de cuatro horas desde que llegué a la frontera esta mañana.

Calle desierta en Corozal, es semana santa

Cambio dinero y me voy al pueblo de Corozal, donde pasaré los próximos tres días esperando para regresar a Bacalar, con la mala pata de que me pillan el jueves y viernes santo y todo está cerrado.

Belize es diferente. Único país de habla inglesa de Centroamérica, la mayor parte de la población es de ascendencia africana. Corozal me recuerda a otras localidades afrocaribeñas que hemos conocido durante este viaje, con sus casas de madera, la población negra que las habita y un ritmo de vida muy pausado.
La cantidad de rastas que se ven en las calles es inusualmente elevada, la música reggae suena por todas partes y todo el mundo me ofrece marihuana para comprar.


Otra del pueblo desde un embarcadero


Lampronycteris brachyotis

Durante los dos días y medio que paso aquí, me dedico a pasear por muchas de las calles del pueblo y sus alrededores, visito una pequeña ruina maya sin mucho aliciente para mi (ya que no se ve nada, es prácticamente un montículo de tierra) que están excavando en estos momentos y cuando me voy ya conozco a unos cuantos pobladores del lugar. 


Pobladores bañándose en la costanera
Llama la atención la cantidad y diversidad de credos que conviven en Belize. Menonitas, rastas, metodistas, miembros de la iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días, de la iglesia baptista de la libertad, de la adventista del séptimo día, y así un montón de nombres, cada cual más largo y rimbombante, además de católicos, protestantes, testigos de Jehová y quién sabe cuantos más, coexisten pacíficamente en este pequeño país. 



Calle desierta
No es menor la diversidad cultural, donde los mayas originarios conviven con los descendientes de los esclavos africanos llegados aquí a principios del siglo XIX, con los numerosos comerciantes chinos (traídos como mano de obra barata en la década de 1940, al igual que los indios una década más tarde), con los menonitas (judíos agricultores venidos de Alemania y Canadá), con los descendientes de los antiguos conquistadores europeos y con todo un abanico de mestizos entre las distintas razas.
Inglés, español, creole, garífuna y distintos dialectos mayas son algunas de las lenguas que se hablan y se escuchan en Belize, donde la cocina también es igual de diversa. En fin, un país muy diferente a todos los que le rodean.   


En el cielo, una vez más me acompañan las fragatas, volando incansablemente junto a pelícanos, gaviotas o pagazas sobre el mar junto al que se asienta este viejo pueblo de pescadores. 

Tres días después de mi entrada en Belize me presento de nuevo en el mostrador de inmigración, esta vez para salir del país. 
Una vez más, me ponen problemas y me insinúan que todavía faltan unas tres horas para que se cumpla la estancia de 72 que me impusieron como condición para dejarme entrar. Comento que me parece ridículo que me hagan esperar ese tiempo sentado en la frontera y que si lo supiera vendría más tarde, y al final consigo que me dejen salir sin más preámbulos ni parsimonias. Vuelvo a entrar en México y vuelvo a tener 180 días de estancia en el país, aunque solamente utilizaré una décima parte o tal vez menos antes de volver a cruzar la frontera.
  
Carmen


Corozal nublado

Pues nada, ya estoy de regreso en México después de mi paseo fugaz por el norte de Belize.
La frontera, un paso necesario. Corozal, un pueblo amigable, tranquilo y donde convive una rica mezcla de culturas y colores. 

La estancia fue breve pero una buena vivencia con personas que no lo tienen sencillo, pero sí alegría y esperanza. Son amables, pícaros y de rico ritmo caribeño. Así, al poco de llegar una no se siente tan ajena.
El tiempo que pasé aquí lo dediqué a pasear, leer y conversar con la gente del lugar. También visité las cercanas ruinas mayas de Santa Rita y, aunque es muy poco lo que está al descubierto, me pasé un par de horas en el lugar en compañía de un operario restaurador que me estuvo explicando los pormenores de este y otros descubrimientos mayas en Belize.
En fin, muy a gusto y bien acogida en este rinconcito beliceño, a pesar de las dificultades encontradas en la frontera de entrada a este pequeño país.

El día del cruce fronterizo comenzó muy bien y nada hacía presagiar lo contrario. Después de un copioso almuerzo en Bacalar compartido con Sahara antes de que se quedara jugando con sus amigos chilangos, me dirigí a pie hacia el centro y por el camino un vecino del lugar me llevó en su viejo coche hasta la parada de los colectivos. Al poco el taxi se llenó y partimos rumbo a la frontera, aunque todavía faltaba un cambio de transporte para recorrer los kilómetros restantes. Aquí hice dedo y fue un taxi el que me paró y me llevó gratis hasta la propia frontera.
Bien, hasta aquí todo sobre ruedas y con sensación de buena vibra, como dicen en México. Así pues, me sitúo en el mostrador de la frontera mexicana y el agente comienza a preguntarme si realmente quiero cruzar a Belize, insinuándome otra manera de arreglarlo, pero yo le confirmo mi deseo de cruzar. Entonces me pide que abone la tasa de salida de México y, como ya realicé el pago en el banco hace unos días, le entrego el recibo y ahora protesta diciendo que no es válido pero, como no le hago mucho caso, termina sellándome sin muchas ganas.

Pescadores en Corozal
Caminando llego hasta la frontera de Belize y aquí hago cola detrás de cuatro familias de menonitas cargados de hijos muy parecidos entre sí y con aspecto no muy saludable. Cuando me llega el turno, el agente recoge mi pasaporte y comienza el interrogatorio, repitiéndose la retahíla de preguntas y desconfianzas que soportó Marcos. A pesar de explicarle mi situación (que debido a que estamos en espera del envío del pasaporte renovado de nuestro hijo y se nos cumple el tiempo de estancia permitido en México ambos padres debemos cruzar por separado, habiendo cruzado ya mi compañero; y que una vez que llegue el pasaporte renovado tenemos intención de regresar a Belize todos juntos y colaborar con organizaciones belizeñas en defensa de la naturaleza y bla, bla, bla) nada le convence y en unas cuantas ocasiones me manda regresar a México, pero yo insisto. 

Trabajador en las ruinas de Santa Rita

Pasa más gente por la ventanilla y yo vuelvo a insistir e insistir…, y así continúo hasta que ya se mosquean un poco (su compañero se une) y me comienzan a pedir dinero; yo no me amilano pero empiezan a amenazarme…y concluimos, después de unas dos horas de tejemaneje, con el pago de 50 beliceños (unos 18 euros) y una estancia mínima de dos días en el país. Uf!, ha sido duro pero lo conseguí!!!


De vuelta, después de realizar el debido pago de tasas, me encuentro en la ventanilla al mismo hombre que me atendió de entrada, así que me coloco en la fila de la compañera.
Me toca. La mujer empieza a hacerme preguntas y para mi sorpresa, el hombre le habla y ella me sella el pasaporte al instante. Listo! Camino hasta la frontera mexicana, hago el papeleo oportuno, me sellan y regreso a dedo a Bacalar, donde me esperan para llenarme de mimos...qué más se puede pedir!
Bonito reencuentro...y eso que sólo fueron 2 días!!!

                                                                                  Corozal:





Murciélagos Lampronycteris brachyotis:





Rana sin identificar


                                      Vídeo de un momento de la procesión de Semana Santa:
video



1 comentario:

  1. Hay que ver qué tablas teneís ya para negociar con esa gente. Somo blancos, billetes con dos patas... estoy aprendiendo mucho sobre el asunto gracias a vosotros. Un abrazo

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