jueves, 30 de mayo de 2013

VISITA A LA RESERVA DE LA BIOSFERA Y LA CIUDAD MAYA DE CALAKMUL




04/04/2013
Diluvia, y los rayos surcan el cielo en todas direcciones. El sonido de los truenos que los acompañan ponen una nota tenebrosa sobre la posibilidad de llegar por nuestra cuenta a Calakmul. La carretera que pasa por delante de nuestro hotel y une Chetumal con Escárcega se ha convertido en un río desbocado que apenas nos deja cruzar la calle y comprar algunos víveres para el desayuno de mañana.

Después de más de cuatro horas de viaje desde la laguna de Bacalar, comprobamos que no existe posibilidad de llegar en transporte público hasta esta área protegida a la que solamente se puede acceder con vehículo propio, tour organizado o pagando los exorbitantes precios que manejan los taxistas de Ixpujil. Decidimos probar mañana desde Conwás, desde donde “solo” faltarían 60 kilómetros para llegar a la zona arqueológica y puede que la excursión nos salga algo más barata. 


05/04/2013
Campamento en Calakmul
A media mañana agarramos un autobús hacía Conwás, y durante el trayecto charlamos un rato con un viajero que lleva viviendo muchos años cerca de Chichén Itzá y que visita a menudo la ciudad maya de Calakmul. Nos confirma que podemos acampar de forma totalmente gratuita en el puesto de los guardas de la reserva, en el kilómetro 20 de la carretera que entra hasta las ruinas, nos dice que es posible ir desde allí hasta la zona arqueológica haciendo raid y nos comenta que él mismo observó jaguares (Panthera onca) en dos ocasiones al entrar temprano por la mañana en bicicleta. Para terminar, nos indica la entrada al camino que se dirige a una cueva en la que vive una gran cantidad de murciélagos, recomendándonos visitarla antes de irnos de esta zona.

Con todos estos datos nuevos, decidimos bajarnos en la entrada de la carretera que lleva a Calakmul y no seguir hasta Conwás, a dos kilómetros de aquí, puesto que ya compramos en Ixpujil los alimentos que necesitaremos durante nuestra estancia en la reserva. 

Nos sentamos a esperar que pase algún coche para hacer dedo, y antes de una hora estamos enlatados con todas nuestras cosas en el asiento trasero de un pequeñísimo utilitario conducido por un par de turistas italianos.


Nos dejan en el puesto de la guardería, donde montamos nuestro campamento para mañana acceder temprano a la zona arqueológica desde aquí. Los guardas nos confirman que tanto jaguares como pumas (Puma concolor) y ocelotes (Leopardus pardalis) se dejan ver de vez en cuando en la carretera de acceso y que ellos han observado a todos estos gatos en varias ocasiones.


Yo me voy a dar una vuelta de unos cinco kilómetros por la tarde mientras la familia duerme la siesta. Como no veo ninguna vereda, simplemente sigo la carretera y lo único que veo además de pájaros, es un pequeño grupo de murciélagos Micronycteris microtis descansando en su refugio diurno, un tubo de desagüe bajo el firme de la calzada.
A la vuelta, casi de noche, un grupo de los raros y endémicos pavos ocelados (Meleagris ocellata) se pasea tranquilamente arriba y abajo por nuestro campamento, ofreciéndonos la oportunidad de verlos con todo lujo de detalles.

Pavos ocelados y dibujo de uno de ellos hecho por Sahara

06/04/2013
Vista de la selva circundante desde lo alto de una de las pirámides

Son las 10:30, y el calor ya aprieta bastante en la zona arqueológica y el bosque en que se encuentra.
La pareja de águilas elegantes (Spizaetus ornatus) sobrevuela el dosel, desplegando toda una serie de trucos aéreos durante su display de cortejo, al tiempo que vocalizan sin cesar. El macho, más pequeño, realiza una serie de picados y remontes alternos por encima del lugar donde su compañera remonta el vuelo, subiendo en círculos. Vuelos en paralelo, batidos rápidos de alas y contactos de las garras en el aire son algunas de las acrobacias que estas bellas aves rapaces desarrollan para estrechar los lazos de pareja, mientras reafirman su posesión sobre el territorio.

Nosotros las observamos fascinados desde lo alto de la gran pirámide de Kalakmul, también llamada Estructura II, donde nos subimos para observarlas mejor tras encontrarlas por casualidad posadas en la rama de un gran árbol, mientras paseábamos entre las ruinas. Nunca nos cansaremos de ver a estas preciosas águilas, unas de las más impresionantes de todo el continente. 


Desde otra pirámide

De hecho, disfrutamos de su presencia y de la de algunas otras rapaces (milano plomizo Ictinia plumbea, gavilán bidentado Harpagus bidentatus, águila negra mayor Buteogallus urubitinga) durante varias horas, antes de seguir nuestro paseo por esta hermosa ciudad maya, donde subimos a un par de pirámides más. También tiene mucho que ver el que se encuentren aquí para que decidamos volver a visitar las ruinas mañana o al día siguiente, y así poder disfrutarlas una vez más, ya que es una de las ciudades que más nos han gustado hasta la fecha.

En lo alto de la estructura II de Calakmul


Estructura II
Bastante poco visitada, la antigua metrópoli de Calakmul tiene un encanto especial, totalmente integrada en la vasta selva caducifolia que la rodea, desde donde se escuchan los reclamos territoriales de distintos grupos de monos aulladores negros (Allouatta pigra). Enemiga de su vecina Tikal cuando estaban habitadas, hoy en día rivaliza con ella en la espectacularidad de sus templos y monumentos, muchos de ellos de gran tamaño. También es la ciudad en la que se ha encontrado una mayor cantidad de estelas, más de un centenar en diversos estados de conservación, además de contener en sus templos algunos de los más impresionantes murales mayas existentes hoy en día, aunque cerrados para el público.


Ardilla Sciurus deepei
A primera hora de la tarde decidimos plantearnos la bajada, ya que al ser sábado, los obreros con los que subimos en la ranchera esta mañana a primera hora (pasando bastante frío en la incómoda caja abierta del vehículo y observando muchos pavos ocelados durante la hora que duró el trayecto), solamente hacen media jornada y no pueden llevarnos al atardecer, tal y como teníamos pensado. Hacemos raid a los primeros turistas que abandonan la ciudad, una pareja de argentinos que nos llevan directamente hasta nuestro campamento antes de seguir su camino. Yo aprovecho las horas de luz que nos quedan para ir a dar una vuelta a una aguada de la que me hablaron los guardas, en la que localizo varios rastros de diferentes mamíferos, mientras Carmen y Sahara descansan del largo día pasado entre las ruinas.



Plaza central


07/04/2013


Camino de la aguada
Estamos sentados en una de las aguadas que nos indicaron los guardas, asistiendo en silencio a la función que se representa aquí cada día. Empieza a calentar el sol, y no es mala hora para que algún animal se acerque a calmar la sed. 
Estos puntos en los que se mantiene una cierta cantidad de agua durante la época seca están dispersos por toda el área cubierta por la selva caducifolia característica de las planicies de la Península de Yucatán, ya sea en forma de cenotes o de pequeñas charcas y zonas húmedas como las que encontramos en Calakmul. 
Es en ellas donde toda clase de vertebrados acuden a beber, e incluso sirvieron como reservorio de agua a los antiguos habitantes de las abundantes poblaciones mayas que existían en la zona.



El movimiento de pequeños paseriformes alrededor de la lámina de agua es constante, alguna garza solitaria descansa cerca de la orilla y una aguililla de cola corta (Buteo brachyurus) se posa en lo alto de una rama, comprobando que no existe ningún peligro en los alrededores antes de descender a refrescarse y tomar agua.



Disfrutamos durante un rato del espectáculo, antes de seguir nuestro camino por el estrecho sendero que conduce a la carretera y al área de acampada, donde encenderemos el fuego una vez más para preparar nuestra comida y descansaremos durante las horas de mayor insolación, pero no antes de acercarnos a la otra aguada en la que estuve ayer, más cercana a nuestro campamento. Por el camino tenemos la suerte de ver bastante bien y por primera vez al esquivo gavilán bicolor (Accipiter bicolor), tanto posado como volando entre una percha y la siguiente, antes de que se pierda definitivamente en la espesura.

Andamos un poco escasos de comida, pero un trabajador del museo existente en el puesto de control de la guardería se ofrece a traernos algunas cosas para el almuerzo de mañana, lo cual nos viene genial para visitar con calma la zona arqueológica antes de irnos.

Plataforma donde hago una espera (algo deformada por la panorámica)


Hoy es día de aguadas, ya que por la tarde vuelvo por tercera vez al último punto de agua en el que estuvimos esta mañana. Trepo a una antigua y desvencijada estructura construida sobre un árbol para la observación de la fauna que acude a beber, y hago una espera de un par de horas hasta la anochecida desde esta plataforma de troncos apolillados. No acude ningún mamífero, pero estos puntos de agua nos han proporcionado algunos avistamientos de pájaros nuevos como el tinamú pizarroso (Crypturellus boucardi), el vireo yucateco (Vireo magister), el chipe de Kentucky (Oporornis formosus) o el chipe gusanero (Helmitheros vermivorus), entre otros.  

08/04/2013

Seis treinta de la mañana. Vuelvo a recorrer el camino hasta la zona arqueológica con los trabajadores que nos llevaron anteayer, el resto de la familia vendrá un poco más tarde, haciendo dedo, pues se quedan esperando la llegada de los víveres nuevos. El día amaneció menos frío y el camino en la caja de la camioneta se lleva mejor. 
Hoy, además de pavos, vemos un venado de cola blanca (Odocoileus virginianus) cruzando la carretera. Más tarde, Carmen y Sahara verán un par de pecarís de collar (Pecari tajacu) desde el coche en el que los recoge una pareja de turistas franceses que los dejan en la puerta de la ciudad antigua unas dos horas después de mi llegada (y conseguimos un descuento por regresar, con lo que únicamente pagamos una entrada por los dos).



Al llegar, aunque por separado, nos vamos directamente a la parte más alta de la Estructura II, donde desayunamos y desde donde pensamos repetir las magníficas observaciones de las águilas elegantes del otro día. 
Sorprendentemente, nos vamos cuatro horas más tarde sin verlas ni escucharlas, algo que nos parece muy raro después del comportamiento territorial y reproductivo tan marcado que demostraron hace tan solo dos días. 
A pesar de todo, disfrutamos del vuelo de otras rapaces, y vimos águilas negras mayores, milanos plomizos, gavilanes bidentados y varios ejemplares de los bellos zopilotes o cóndores reales (Sarcoramphus papa), que no se habían dejado ver el sábado.



Acrópolis (otro buen sitio para jugar al escondite)

Todavía nos damos una vuelta por la plaza de la ciudad y sus alrededores, y descubrimos una pequeña familia de monos araña yucatecos (Ateles geoffroyi yucatanensis), de coloración muy distinta de los pertenecientes a las subespecies A. g. panamensis y A. g. ornatus que observamos en Costa Rica.

Estructura II

Bajamos a dedo a primera hora de la tarde en el coche de una familia de alemanes, con los que vemos un coatí (Nassua narica), que presenta la coloración rojiza típica de los ejemplares de la Península de Yucatán, además de un buen número de pavos ocelados que realizan sus displays de celo.

Campamento

Recogemos rápidamente la tienda y el resto de nuestras cosas, pues queremos intentar llegar esta tarde a tiempo para ver la salida de los murciélagos en la cueva, llamada Volcán de Murciélagos, nombre que promete mucho. Tardamos bastante en conseguir un raid, y de hecho salimos con los trabajadores que nos han llevado hasta las ruinas, ya cerca de la atardecida.



Cabaña cerca de Conwás
Nos dejan en unas cabañas cercanas a Conwás, donde pernoctaremos, pero antes conseguimos que el dueño se comprometa a llevarnos a la cueva en su moto, así que primero yo y luego Carmen y Sahara nos instalamos de paquete para recorrer los diez kilómetros que nos separan del volcán de los quirópteros.
La moto no es muy rápida, y yo tengo serias dudas de que el resto de la familia llegue a tiempo, más cuando los murciélagos comienzan a salir de la cueva y todavía no han llegado, pero al final todos disfrutamos del espectáculo.


Volcán de Murciélagos

Al principio sólo se escuchan algunos chillidos aislados, pero a medida que disminuye la intensidad de la luz, aumenta el número de chasquidos y otras vocalizaciones procedentes de la boca de la cueva que se encuentra en el fondo de esta pequeña sima.

La boca de la cueva, repleta de murciélagos
Aun es de día, pero los primeros individuos comienzan a salir, primero de uno en uno, luego en pequeños grupos y, al poco rato, en una línea continua de cientos, miles, decenas y centenas de miles y así hasta los de uno a tres millones de murciélagos que se estima habitan en esta cueva del estado de Quintana Roo.
El sonido producido por ese gran enjambre de quirópteros mientras giran en círculos dentro de la depresión para coger algo de altura y dirigirse a sus lugares de alimentación, es sobrecogedor; el olor que sale del agujero, muy penetrante.

Las distintas especies utilizan diferentes estrategias para abandonar la hondonada en la que se encuentra su refugio, así que mientras vemos como se forma una “carretera” aérea de un metro de anchura y varios cientos de longitud formada por algunos miles de estos mamíferos alados, centenares de ellos nos rodean y esquivan al desparramarse en cascada en todas direcciones a la altura del suelo por el borde de la sima, donde nos encontramos nosotros.   

Disfrutamos del espectáculo durante casi una hora, y cuando nos fuimos, los murciélagos, pertenecientes a entre siete y nueve especies (Pteronotus davyi, P. gymnonotus, P. parnellii, P. personatus, Mormoops megalophylla, Natalus mexicanus, Myotis keaysi, Nyctinomops laticaudatus, Glossophaga soricina), seguían saliendo de forma masiva sin que se apreciara una disminución significativa en el número de integrantes del grupo de salida. Como curiosidad, destacar que observamos un individuo totalmente blanco, posiblemente albino o perteneciente a la especie Diclidurus albus, no reportada para la cueva en los documentos que consultamos.


Un final de día perfecto para terminar nuestra visita a la interesantísima Reserva de la Biosfera de Calakmul, aderezado por nuestro viaje de vuelta a las cabañas, todos subidos en la moto de nuestro anfitrión, que solo quiere hacer un viaje más.





09/04/2013
Salimos hacia Mérida en el autobús que pasa por aquí a las doce de la mañana. Nos toca viajar durante las próximas siete horas y media para llegar a esa ciudad, donde recogeremos el pasaporte nuevo de Sahara, llegado hace un par de días desde España.
Hacemos transbordo en Campeche y llegamos a nuestro destino de noche, aunque no muy tarde, ya que por una vez nos dejamos de autobuses de segunda y recorremos la última etapa del viaje en un transporte directo.

Afortunadamente ya conocemos el lugar y nos alojamos en el mismo hotel en el que estuvimos durante nuestra primera visita, donde también nos conocen y somos bien recibidos. Todavía nos queda tiempo para acercarnos al parque de la Plaza de San Juan, para que el enano pueda jugar un poco con otros niños y tal vez reencontrarse con alguno de los amigos de su pandilla.

Muchas más fotos (disculpas si son repetitivas):


















































Estructura II (foto de cartel)
¡Aquí estamos!

Los caminos de la jungla:




Las aguadas:







El campamento:


Pavos, arañas y murciélagos:







El Volcán de Murciélagos:


Y algunos vídeos:
De pavos mientras Sahara hace los deberes:
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De águilas en las ruinas:
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Del cola corta en la aguada:
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De la espera en la plataforma:
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De los monos araña:
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De un caminante:
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Y de la cueva del Volcán de Murciélagos:
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